La doctrina de la predestinación, lejos de ser una fría especulación, ha sido dada para confirmar y fortalecer al creyente en la certeza de su salvación por medio de Cristo. Al sentir la corrupción de su propio corazón, al experimentar la preciosidad del Salvador y al mirar por la cruz hacia Dios como Padre, el hijo de Dios descubre que esta verdad resulta profundamente consoladora para su fe. Hasta el rasgo más tenue de semejanza con Dios y el más débil hálito del Espíritu de adopción que halla en su alma le resultan una evidencia innegable de su elección para la filiación divina y la santidad.
Otra bendición que fluye de esta doctrina es la santa y dulce sumisión en que ella coloca al ánimo frente a toda aflicción. El creyente reconoce que cada paso de su peregrinar y cada incidente de su historia están ordenados en el pacto eterno de gracia, y que el disciplina de Dios es parte tan del plan original como cualquier misericordia positiva que este contenga. Saber que sus cabellos están contados, que la aflicción no surge por casualidad sino en armonía con los propósitos de amor de Dios, y que todo obra para bien, le impulsa a la piedad personal y a la humildad.
¿Y qué doctrina más humillante y, por tanto, santificadora que esta? Ella pone el hacha a la raíz de toda jactancia humana. A la luz de esta verdad, el creyente ve que toda diferencia entre él y el más vil pecador es obra exclusiva de la gracia de Dios. Por ello, ante cualquier circunstancia, por misteriosa que sea, puede estar quieto y exclamar: «Esto también proviene del Señor de los ejércitos, que es admirable en consejo y grande en obra. Aquel que hace todas las cosas según el designio de su voluntad lo ha hecho, y estoy satisfecho de que está bien hecho.»
Fuente y atribución
Autor original: Octavius Winslow
Título original: Evening Thoughts - November 20
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Octavius Winslow, publicado originalmente en Grace Gems.