Mañana y noche

La humilde confesión del hombre conforme al corazón de Dios

David confiesa su insensatez al envidiar la prosperidad de los impíos; si él se llama necio, cuánto más debemos nosotros reconocer nuestra propia necedad y dejarnos guiar por el consejo de Dios.

Recuerda que esta es la confesión del hombre conforme al corazón de Dios; y al contarnos su vida interior, escribe: «Tan insensato era yo, e ignorante.» La palabra «insensato», aquí, significa más de lo que denota en el lenguaje ordinario. David, en un versículo anterior del Salmo, escribe: «Tuve envidia de los insensatos al ver la prosperedad de los impíos», lo cual muestra que la necedad a que se refería contenía pecado. Se coloca a sí mismo como «insensato», y añade una palabra que intensifica la expresión: «tan insensato era yo.» Cuán insensato era no podía decirlo. Era una necedad pecaminosa, una necedad que no podía excusarse en la fragilidad, sino que debía condenarse por su perversidad e ignorancia voluntaria, pues había envidiado la prosperidad presente de los impíos, olvidando el terrible fin que aguarda a todos ellos.

¿Somos acaso mejores que David, para llamarnos sabios? ¿Pretendemos haber alcanzado la perfección, o haber sido tan disciplinados que la vara haya arrancado toda nuestra voluntariosidad? ¡Ah, esto es orgullo en verdad! Si David fue insensato, ¡cuán insensatos deberíamos ser en nuestra propia estima, si pudiéramos vernos! Vuelve la mirada, creyente: piensa en tus dudas hacia Dios cuando Él ha sido tan fiel contigo; piensa en tu necio clamor de «No así, Padre mío», cuando Él cruzó sus manos en la aflicción para darte la bendición mayor; piensa en las muchas veces que has leído sus providencias a oscuras, malinterpretado sus designios, y gemido: «¡Todo esto está contra mí!», cuando todo obra juntamente para tu bien. Piensa cuántas veces elegiste el pecado por su placer, cuando en verdad ese placer era para ti raíz de amargura. Ciertamente, si conocemos nuestro propio corazón, debemos declararnos culpables ante la acusación de una necedad pecaminosa; y conscientes de esta «insensatez», debemos hacer nuestro el consecuente propósito de David: «Tú me guiarás con tu consejo.»

Fuente y atribución

Autor original: Charles Spurgeon

Título original: July 28 — Morning

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Charles Spurgeon, publicado originalmente en Grace Gems.

Comparte esta lectura