El cristiano anciano

La humillación del santo al final del camino

El cristiano anciano, muerto al mundo, se humilla al repasar su vida: reconoce sus deslizamientos secretos, sus afectos tibios y lo poco que hizo para Dios.

Así también puede decir el cristiano anciano: «¿Qué es para mí el mundo? Estoy hastiado de sus vanidades, estoy cansado de sus cuidados. ¿Qué son todas sus grandezas, sus riquezas, sus pomposidades, sus placeres? No son sino cadenas de oro que me impedirían remontarme a un mundo mejor. ¿Por qué yo, cuyo cuerpo está enfermo, cuyas fuerzas decaen, cuyos vínculos están casi todos disueltos, y que recibo continuamente advertencias de mi mortalidad, por qué he de seguir aun aferrado a este pobre mundo? En verdad, ¿qué puede haber en la tierra que atraiga a quien cada día espera el cielo y anhela estar en la presencia de Dios en un mundo mejor?»

Así oye el cristiano la voz de la naturaleza, de la Providencia y de la eternidad que le llaman lejos.

Pero aunque el cristiano sea en cierto grado muerto al mundo, no puede complacerse en sí mismo. Por muy retirados, por muy apacibles que sean sus últimos días, no puede dejar de recordar sus pasadas imperfecciones. De aquí que podamos considerar la humillación propia como parte peculiar de la experiencia y como rasgo destacado de la mente y el carácter de un santo anciano. La retrospectiva que hace de su vida pasada le llena de vergüenza; y aunque siempre ha sido su deseo glorificar a Dios y estar empleado en su servicio, sabe, sin embargo, que nada ha hecho como debiera hacerlo, y se humilla bajo el sentido de su escasa fructificación.

Este mundo se asemeja ahora al panorama que un viajero contempla desde alguna altura, de una tierra estéril por la que ha pasado, donde el brezal y el yermo forman el principal paisaje, diversificado solo por unos pocos puntos dispersos de cultivo imperfecto.

Oigamos su confesión. «Pocos y malos han sido los días de los años de mi vida. ¡De cuántas infidelidades secretas me he hecho culpable! ¡Cuán tibios han sido mis afectos! ¡Cuántas innumerables misericordias he recibido!; pero ¡ay!, ¡qué endeble retorno de gratitud! ¡Cómo me ha descarría y engañado el mundo! Y aunque he sido preservado de la ruina a que procuraba arrastrarme, ¡cuántas veces me he dejado seducir por sus sonrisas, y en cuántas dificultades me han envuelto sus cuidados! ¡Cuán poco he hecho por Dios! ¡Cuán débiles mis esfuerzos! ¡Ay!, ¡cuán pocos se han iluminado con mis instrucciones, conmovido con mis reprensiones, impresionado con mi conversación o reformado con mi ejemplo! ¡Cuánto tiempo se ha desperdiciado! ¡Cómo me he dejado engañar por la procrastinación! ¡Cómo se ha deslizado la vejez sobre mí antes de poder decir que nada se ha hecho! Y ahora empiezo a ser incapaz de hacer mucho. ¡Oh, si mi vida hubiera de comenzar de nuevo, cuán diferente, me parece, sería lo que haría en tantas cosas! Me lleno de vergüenza de que tantos años hayan pasado, comparativamente estériles e infructuosos.»

Así se humilla el cristiano anciano bajo la contemplación de su vida pasada; y aunque puede haber gran diferencia entre los cristianos en cuanto a la entrega de su mente y su utilidad en el mundo, todos tienen de qué quejarse. Pues ¿dónde está el hombre, por muy dilatada que esté su mente, por muy eminente su piedad, por muy útiles sus desvelos, que no haya de sentir alguna inquietud al repasar lo pasado? ¿Puede algún cristiano anciano, situado al borde de la eternidad, mirar atrás con confianza y decir que ha hecho todo lo que pudo, todo lo que debía; que no ha habido momentos de indolencia o de descuido; que ninguna propensión al mal se haya complacido jamás; que ha servido a Dios con toda aquella espiritualidad de mente, aquel celo ardiente, aquella atención constante que debía; que ha cumplido su deber con sus semejantes con perfecta propiedad, y que en nada ha podido hacer más de lo que ha hecho?

Fuente y atribución

Autor original: Charles Buck

Título original: The Aged Christian — parte 4

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Charles Buck, publicado originalmente en Grace Gems.

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