Porciones diarias

La ira apagada por la sangre del Cordero

Dios aborrece el pecado con ira justa, pero la expiación de Cristo aparta su enojo de las personas de su pueblo, aceptándolos en el Amado.

Dios está airado, y justamente airado, con los pecados de su pueblo. Aborrece el pecado con un odio perfecto. No puede sino abrigar ira incesante contra él. Es tan contrario a la pureza y perfección de su santa naturaleza que, dondequiera que se encuentra con el pecado, su indignación destella contra él. Y hasta que no tenemos algún descubrimiento y manifestación de Cristo que nos asegure un interés salvador en su preciosa sangre y obra acabada, no podemos separar la ira de Dios contra nuestros pecados de la ira de Dios contra nuestras personas.

Pero cuando el Señor se complace en revelar un sentido de su bondad y misericordia en la Persona y obra de su amado Hijo, entonces podemos ver con el ojo de la fe que, aunque está airado con nuestros pecados, no lo está con nuestras personas, sino que nos acepta en el Amado, habiéndonos escogido en él antes de la fundación del mundo, para que fuéramos santos y sin mancha delante de él en amor. Así, no guarda su enojo para siempre. ¿Y por qué? Porque está expiado, quitado, no retenido para arder hasta lo más profundo del infierno. El bendito Señor ha ofrecido un sacrificio por el pecado; ha quitado el castigo y la pena debidos a la transgresión; ha propiciado y aplacado, y así ha apartado su indignación y su enojo ardiente contra los pecados de su pueblo; pues toda la ira de Dios debida a sus pecados y a sus personas fue descargada sobre la Persona de Jesús cuando, como nuestro representante, colgó en la cruz como sacrificio sangrante, quitando el pecado por la ofrenda de sí mismo. Esta es la razón por la que no retiene su enojo para siempre, habiendo sido aplacado y quitado por la expiación de nuestro bendito Señor, para que no arda contra las personas del pueblo de Dios ni los consuma con la indignación ardiente que devorará a los impíos.

Fuente y atribución

Autor original: J. C. Philpot

Título original: August 19

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.

Comparte esta lectura