Cirugía del corazón

La ira de Dios, el infierno y la miseria del pecado

Una meditación devocional sobre la severidad de la ira divina, la dificultad de obtener perdón, la venida de Dios contra el pecado y la indecible miseria que nos amenaza por nuestras iniquidades.

2. Por comer solo el fruto prohibido, que algunos consideran una falta pequeña, echó a Adán del Paraíso y envió un mundo de miseria sobre él y su posteridad.

3. Ahogó al mundo (Génesis 7), lo cual muestra la infinita pureza de Dios para no tolerar el pecado.

4. Quemó a Sodoma por esos mismos pecados que ahora reinan entre nosotros (Ezequiel 16:49, 50).

5. Rechazó a los judíos, que eran su pueblo más querido; pues tanto provocaron a Dios, y su ira se ha apoderado de ellos con tanta furia, que han vagado como exiliados por la tierra durante siglos.

6. Ha creado el horror de conciencia, que es un infierno sobre la tierra, para castigo del pecado.

7. Pero sobre todo, considerad los tormentos del infierno, aquel lugar y estado lamentable preparado para los malos, donde la mayor parte del mundo estará aullando para siempre.

2. Considerad cuán difícil cosa es alcanzar perdón por el pecado, ya que la justicia de Dios era difícil de satisfacer. Imaginad que todo el mundo se convirtiera en una masa o pedazo de oro, las piedras de las calles en perlas preciosas, y el mar y los ríos fluyeran todos con corrientes líquidas de oro purísimo; no satisfarían la ira de Dios por el más pequeño pecado (Miq. 6:7). Si todos los ángeles y criaturas del cielo y de la tierra se hubieran unido y hecho una ferviente oración por el pecado del hombre, aunque se hubieran ofrecido a ser aniquilados, nunca se habría logrado. No; si el Hijo de Dios mismo hubiera suplicado a su Padre con las más fervientes súplicas, no habría sido oído si no hubiera tomado nuestra carne sobre sí y padecido todo lo que demonios y hombres pudieran imaginar para infligirle. Lo cual, bien considerado, es causa infinita para llevarnos a un sentido de la ira de Dios: que Él debiera poner tales tormentos infinitos sobre Jesús, que clamó a Dios: "¡Dios mío, Dios mío, por qué me has desamparado!" Aunque lo amaba infinitamente como a sí mismo, no obstante quería que su justicia quedase satisfecha.

3. La venida irresistible de Dios contra los pecadores, pues Él es maravillosamente dispuesto y fácil de aplacar mientras concede un día de visitación; pero si los hombres resisten el día, entonces viene con ira devoradora, y su ira, una vez encendida, arderá hasta el fondo del infierno; entonces "sus flechas beberán sangre y comerán carne"; entonces los encontrará como una osa privada de sus crías, y los despedazará cuando no haya quien libre (Os. 1.3:53; Salmo 72; y en Isaías 66:15 se describe la manera de su venida, con carros como torbellino).

4. La santidad de Dios, que se opone al pecado y es contraria a él, de modo que no mira el más pequeño pecado con la más mínima tolerancia.

Tercera ayuda. Un sentido de la indecible miseria a la que se expone uno por razón del pecado; para lo cual considerad todos vuestros pecados, con sus circunstancias, de tiempos pasados, presentes y por venir.

Mirad atrás a todos vuestros pecados pasados que jamás cometisteis, de todo lo que sois culpables desde que nacisteis, original o actual, conocido o desconocido, de pensamiento, palabra y obra. ¡Están escritos con pluma de hierro, y con punta de diamante, para no ser borrados jamás! Todos están en registro, y yacen ahora como tantos leones dormidos, reuniendo fuerzas y vigor hasta que el Señor despierte la conciencia; ¡y entonces aparecerán y despedazarán vuestra alma!

Digo, dejen que los hombres naturales consideren esto, y se verán miserables; pues hay algunos que, por un pecado pequeño, son puestos en tales terrores, que no pueden ser consolados en mucho tiempo. Si estos, por cosas tan pequeñas a juicio de los hombres, han llegado a tal punto que no toman placer en cosa terrena alguna, sino que están al fin de su ingenio, dispuestos a quitarse la vida, deseando ser aniquilados, ¡entonces qué rasgadura de cabellos, qué horror de conciencia os asaltará en vuestro lecho de muerte!

¡Con qué semblante pálido miraréis aquel negro e infernal catálogo de todos vuestros pecados, tales como mentiras, juramentos, injurias, burlas contra el pueblo de Dios, palabras impuras, pasiones desenfrenadas, bienes mal adquiridos, tiempo mal empleado, y matar a Cristo en cada sacramento, como hacen todos los hombres naturales! Estos serán convocados ante vosotros y cargados en vuestra conciencia por el justo Dios; entonces considerad en proporción qué horror habrá en vuestro corazón. Ningún corazón puede concebirlo, ni lengua de hombres y ángeles expresarlo. Ahora, pues, estad atentos, y ninguno se bendiga a sí mismo y diga: ¡Nunca sentí esta miseria, por tanto nunca me dañará! Os digo que es la perfección de vuestra miseria el que seáis insensibles a ella: estar enfermo del alma y no sentirlo es la plena consumación de la miseria, y las razones por las que no podéis verla son estas siete:

Fuente y atribución

Autor original: Robert Bolton

Título original: Heart-Surgery — parte 4

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Robert Bolton, publicado originalmente en Grace Gems.

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