Hay tres clases de justicia, o al menos tres que llevan ese nombre. Está la justicia inherente, de la cual no tenemos ninguna. Está la justicia imputada, que es toda nuestra justificación. Y está la justicia impartida, cuando Dios el Espíritu nos hace nuevas criaturas y levanta en el corazón «al nuevo hombre, que según Dios» (es decir, «según la imagen de Dios») «es creado en justicia y santidad verdadera.» Cuando el Señor, pues, dijo: «Si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y de los fariseos, no entraréis en el reino de los cielos», no se refería solamente a una justicia externa obrada por su obediencia a la ley por ellos, sino a una justicia interna obrada por el Espíritu Santo en ellos.
Así leemos del atavío interior tanto como del exterior de la Iglesia: «Toda gloriosa es la hija del rey por dentro; de recamado de oro será su vestido.» Dos clases de justicia pertenecen a la Reina: su justicia imputada es su manto exterior, «el vestido de recamado de oro»; pero la justicia impartida es su adorno interior, que la hace «toda gloriosa por dentro.» Esta gloria interior es el nuevo hombre en el corazón, con todos sus dones y gracias, lo que Pedro llama «la naturaleza divina», «Cristo en el corazón, la esperanza de gloria.»
Fuente y atribución
Autor original: J. C. Philpot
Título original: October 24
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.