Si aquella promesa bastaba para la salvación, ¿para qué sirve entonces la ley? Los israelitas, aunque fueron escogidos para ser el pueblo especial de Dios, eran pecadores igual que los demás. La ley no tuvo por propósito descubrir un camino de justificación distinto del revelado por la promesa, sino conducir a los hombres a ver su necesidad de la promesa, mostrándoles la pecaminosidad del pecado, y señalarles a Cristo, por quien únicamente podían ser perdonados y justificados. La promesa fue dada por Dios mismo; la ley fue dada por el ministerio de los ángeles y por mano de un mediador, incluso Moisés. De ahí que la ley no pudo haber sido diseñada para dejar sin efecto la promesa. Un mediador, como el mismo término lo indica, es un amigo que viene entre dos partes, y no ha de actuar meramente con una sola de ellas y en favor de ella. El gran designio de la ley era que la promesa, por la fe en Jesucristo, fuera dada a los que creen; para que, convencidos de su culpa y de la insuficiencia de la ley para efectuar una justicia en su favor, se persuadieran de creer en Cristo y así obtener el beneficio de la promesa. Y no es posible que la santa, justa y buena ley de Dios, norma del deber para todos, sea contraria al evangelio de Cristo. De toda manera tiende a promoverlo.
La ley fue un ayo para conducirlos a Cristo: Parte 2 (
Fuente y atribución
Autor original: Religious Tract Society
Título original: Devotional and Practical Commentary — Galatians 3:19-22
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Religious Tract Society, publicado originalmente en Grace Gems.