Mañana y noche

La libertad del hijo para acercarse sin temor

Las palabras del eunuco disipan los escrúpulos del creyente tímido: los hijos de Dios tienen libertad para acercarse a las ordenanzas y a los privilegios plenos de la gracia.

Estas palabras pueden responder a tus escrúpulos, piadoso lector, en cuanto a las ordenanzas. Acaso digas: «Yo temería ser bautizado; es cosa tan solemne declararme muerto con Cristo y sepultado con Él. No me sentiría en libertad de acercarme a la mesa del Maestro; temería comer y beber condenación para mí mismo, no discerniendo el cuerpo del Señor.»

¡Ah, pobre tembloroso! Jesús te ha dado libertad, no tengas miedo. Si un extraño llegara a tu casa, se quedaría de pie en la puerta o esperaría en el vestíbulo; no se le ocurriría entrar sin ser invitado en tu salón; él no está en su casa. Pero tu hijo se mueve con toda libertad por la vivienda; y así es con el hijo de Dios. Un extraño no puede introducirse donde un hijo puede aventurarse. Cuando el Espíritu Santo te ha dado a sentir el espíritu de adopción, puedes acercarte a las ordenanzas cristianas sin temor.

La misma regla se aplica a los privilegios interiores del cristiano. Piensas, pobre buscador, que no te está permitido gozarte con gozo inefable y glorioso; si se te permitiera entrar por la puerta de Cristo, o sentarte al fondo de su mesa, ya estarías contento. ¡Ah! Pero no tendrás menos privilegios que los más grandes. Dios no hace diferencia en su amor hacia sus hijos. Un hijo es un hijo para Él; no lo hará siervo asalariado, sino que se banquetará con el becerro gordo, y tendrá la música y el baile, tanto como si nunca se hubiera extraviado. Cuando Jesús entra en el corazón, expide una licencia general para alegrarse en el Señor. No se llevan cadenas en la corte del Rey Jesús. Nuestra admisión a los privilegios plenos puede ser gradual, pero es segura.

Acaso nuestro lector esté diciendo: «Ojalá pudiera gozar de las promesas, y andar con libertad en los mandamientos de mi Señor.» «Si crees de todo corazón, puedes.» Suelta las cadenas de tu cuello, oh cautiva hija, porque Jesús te hace libre.

Fuente y atribución

Autor original: Charles Spurgeon

Título original: August 25 — Evening

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Charles Spurgeon, publicado originalmente en Grace Gems.

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