Pensamientos vespertinos

La lucha contra el pecado que aún habita en nosotros

El pecado que aún mora en el creyente es su mayor dolor, pero la gracia de Dios provee en Cristo todo lo necesario para perdonarlo, someterlo y sostener al santo en su camino.

Todo el testimonio de la palabra de Dios y las vidas de los santos registradas en sus páginas confirman la doctrina del pecado que mora en el creyente. El Señor, en su sabiduría, ha dispuesto que el pecado permanezca en su pueblo hasta el último paso del camino, y para ello ha provisto graciosamente su palabra como un almacén de promesas, consuelos, advertencias, reprensiones y amonestaciones referidas al pecado que habita en el creyente. El pacto de gracia —su provisión santificadora, fortalecedora y animadora— fue diseñado precisamente para este estado. Sí, el don de Jesús, con toda su plenitud de gracia, sabiduría, fuerza y simpatía, su muerte, resurrección, ascensión e intercesión, todo fue dado con especial miras al perdón y sometimiento del pecado en un hijo de Dios.

La santidad perfecta, una entera ausencia de pecado, es un estado inalcanzable en esta vida. Quien se ha aquietado con la convicción de haber llegado a esa etapa tiene motivos para sospechar de la solidez, y al menos de la profundidad, de su conocimiento de sí mismo. Pregúntale al creyente cansado y lloroso la causa de su espíritu quebrantado: ¿Es acaso que eres pobre en este mundo? No. ¿Que careces de amigos? No. ¿Que la prosperidad no brilla sobre ti? No. ¿Qué es, pues, lo que entristece tu espíritu? «Es el pecado», responde el alma, «que mora en mí: el pecado es mi carga, mi dolor, mi confesión, mi humillación ante mi Padre y Dios».

Pero nunca leamos la declaración del apóstol apartada de su promesa acompañante: «Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos y la verdad no está en nosotros. Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonarlos y limpiarnos de toda maldad». La misma palabra que reconoce el pecado que mora en nosotros presenta el remedio: «Si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo». En medio de la lucha más honda, el creyente halla consuelo: no está solo, ni abandonado, ni sin defensa. Cristo, su abogado, sostiene su causa y perfecciona su gracia hasta el día final.

Fuente y atribución

Autor original: Octavius Winslow

Título original: Evening Thoughts - November 1

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Octavius Winslow, publicado originalmente en Grace Gems.

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