El comienzo de la vida espiritual es repentino. No queremos confinar al Espíritu a un orden prescrito en esta o cualquier otra parte de su obra: él es Soberano y obra según su voluntad. El conocimiento del pecado, la convicción de su culpa y el arrepentimiento suelen ser lentos y graduales; pero la primera comunicación de luz y vida divinas al alma es siempre repentina, instantánea como lo fue la creación de la luz natural: «Dijo Dios: Sea la luz, y fue la luz». Fue solo una palabra, y en un instante el caos se disipó y todo quedó bañado en luz y gloria. Así fue con Lázaro: «Jesús clamó a gran voz: ¡Lázaro, ven fuera!», y en un momento el que estaba muerto salió. El Espíritu eterno dice: «Sea la luz», y al momento hay luz; habla otra vez: «Ven fuera», y en un abrir y cerrar de ojos los muertos resucitan.
Ilustraciones notables de esta rapidez nos las dan Saulo de Tarso y el ladrón en la cruz. ¡Cuán repentina fue la comunicación de luz y vida a sus almas! No fue un largo proceso previo de iluminación, ni fruto de una prolongada cadena de razonamientos. En un momento, y bajo circunstancias las más adversas al cambio, una luz del cielo, más resplandeciente que el sol, derramó su radiancia transformadora en la mente del enfurecido perseguidor; y una voz, que comunicaba vida al alma, llegó a la conciencia del ladrón moribundo. Ambos fueron trasladados de tinieblas a luz «en un momento, en un abrir y cerrar de ojos». Muchos que leen esta página podrán decir: «¡Así fue conmigo!». El Espíritu eterno me arrestó cuando la rebelión de mi corazón se alzaba más furiosa contra Dios. Fue una obra breve e inesperada, pero poderosa y eficaz, profunda y radical. En un momento el mal escondido salió a la vista, la fuente oscura fue abierta, mis iniquidades pasaron ante mí y mis pecados secretos quedaron bajo la luz del rostro de Dios.
No pasemos por alto este sabio y graciosos método del bendito Espíritu en la regeneración. Es instantáneo. Los medios pueden haber sido sencillos: acaso la pérdida de un amigo, una enfermedad alarmante, una palabra de reprensión, el canto de un himno, la predicación de un sermón o un texto de las Escrituras alado con su poder hasta la conciencia; y en un abrir y cerrar de ojos el alma, muerta en delitos y pecados, fue vivificada y trasladada a novedad de vida. ¡Oh bendita obra del Espíritu eterno! ¡Oh poderosa operación y inescrutable sabiduría! Bajo la sombra del Espíritu Santo, lo engendrado en el alma es la vida divina, un principio santo, influyente e inmortal. En verdad es una nueva criatura: «las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas». Para este cambio no supongamos ninguna preparación previa en el sujeto. No la hubo en el caos, ni en los fríos miembros de Lázaro, ni en Pablo, ni en el ladrón moribundo. La regeneración es suprema y eminentemente obra del Espíritu. Los medios se emplean y deben emplearse conforme al propósito divino, mas no han de ser deificados: son solo medios, «que nada aprovechan» sin el poder de Dios el Espíritu Santo. La regeneración es obra suya, no del hombre.
Fuente y atribución
Autor original: Octavius Winslow
Título original: Morning Thoughts - November 20
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Octavius Winslow, publicado originalmente en Grace Gems.