Palabras diarias para los peregrinos de Sion

La luz que sólo aprecian los que están en tinieblas

Cuanto más se está en tinieblas, más se estima la luz. El pueblo del Señor no se contenta con fuegos artificiales; debe tener a Cristo, su sangre, su gracia y su presencia.

¡Qué cosa tan bendita es la luz, la luz de vida, la luz del rostro de Dios, la del evangelio glorioso, la del rostro de Jesús! "Ciertamente la luz es dulce, y agradable a los ojos es ver el sol". Pero ¿para quién? Para los que se sientan en tinieblas y en sombra de muerte. ¡Cómo éstos reciben los primeros rayos de luz! Si hubieras naufragado, arrojado de noche sobre una roca desierta, ¡cómo saludarías los primeros haces de la luz del alba para mostrarte dónde estabas y qué esperanzas había de escapar al fin. Así, del mismo modo, ¡cómo un sentido del peligro, magnificado por las tinieblas, hace que el alma náufraga salude el primer rayo de luz, para ver el camino de escape del infierno al cielo! ¡Cuán dulce es para tales tener alguna luz divina que amanezca sobre la mente, tener algún romper de la bondad y la misericordia, la gracia y la gloria, del bendito Jesús!

Cuanto más nos sentamos en tinieblas, más estimamos la luz. Muchos profesores encumbrados desprecian todo esto, y se lanzan contra ello como si fuera edificar sobre experiencias y sentimientos, y hacer un Cristo de nuestra experiencia. ¡Pobres de ellos! Su luz no vale la pena tenerla; y su religión, se teme, no es más que un fuego de su propia encendida, cuya luz nunca los llevará al cielo. Pero ¿por qué la desprecian? Porque nunca se sientan en tinieblas y en sombra de muerte. Por tanto, real y verdaderamente, ¿qué es su luz? Un fuego fatuo, una lámpara de gas, un meteoro, una estrella fugaz, cualquier cosa, todo, menos el Oriente de lo alto, o el Sol de justicia. Pero el pueblo del Señor no puede contentarse con una lámpara de gas, con un fuego fatuo. Han de tener a Jesús. Han de tener su sangre sobre sus conciencias, su gracia en sus corazones, su presencia en sus almas; dulces descubrimientos de su Persona y obra, los susurros de su amor, el toque de su dedo, las sonrisas de su rostro. Han de tener a Jesús para sí mismos. "Dame a Cristo, o muero" es su sentir.

Pero ¿qué les hace prorrumpir en estos suspiros y clamores anhelantes? Están en tinieblas y en sombra de muerte. Si no fuera así, se contentarían de permanecer como son naturalmente: oscuros y muertos. Pero sintiendo su estado, les hace anhelar los haces de luz; y cuando esta irrumpe sobre su alma, pueden bendecirla porque viene de Dios y a Dios conduce.

Fuente y atribución

Autor original: J. C. Philpot

Título original: March 12

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.

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