¿Cómo hemos de seguir tras esta gracia de la mansedumbre? Aprendiendo lo contrario. ¡Cuántas veces hemos confundido el fuego falso con la luz y el fuego del Espíritu de Dios! Y hemos contendido más por nuestras propias opiniones, en nuestro propio espíritu, con muchas palabras apresuradas e impropias, que por la gloria de Dios. Mas al cabo de un tiempo somos llevados a ver que la contienda y la disputa en nuestro propio espíritu son contrarias al espíritu y al temple del evangelio, y llegamos a ver qué gracia tan bendita es el espíritu de mansedumbre. Sí, la misma falta de ella, los levantamientos de un temperamento excitado, la ira, la contienda, la envidia y los celos que a menudo obran en nuestros pechos, nos convencen de cuán poco conocemos «la mansedumbre y gentileza de Cristo». Así sentimos qué bendición es ser hechos humildes y sumisos; y cuán imposible es entrar en comunión con un Jesús de corazón quebrantado hasta que el alma es, en alguna medida, mansada por su Espíritu.
Pero es teniendo una sucesión de cosas que nos prueben y provoquen que aprendemos si tenemos mansedumbre o no. El marido puede ser muy manso mientras su esposa e hijos hacen todo por complacerlo; pero ¿dónde está su mansedumbre cuando le contrarían y provocan? El amo puede ser muy manso mientras el criado es obediente, complaciente y atento, pero ¿cómo es cuando las cosas son distintas? Así el conocimiento de la enfermedad nos hace desear el remedio; y por las sensaciones miserables que causa la ira y el mal temperamento, somos llevados a desear una experiencia de aquellos dulces sentimientos que la mansedumbre del evangelio produce en nuestras conciencias.
Fuente y atribución
Autor original: J. C. Philpot
Título original: October 31
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.