La caída de Pedro consistió en negar que conocía a Cristo y que era su discípulo; en repudiarlo a causa de la angustia y el peligro. Quien una vez ha dicho una mentira se siente fuertemente tentado a persistir: el comienzo de ese pecado, como la contienda, es como el desbordamiento de las aguas. El Señor se volvió y miró a Pedro:
1. Fue una mirada convincente. Jesús se volvió y lo miró, como si dijera: ¿No me conoces, Pedro?
2. Fue una mirada de reprensión. Pensemos con qué rostro reprensor Cristo puede justamente mirarnos cuando hemos pecado.
3. Fue una mirada de expostulación. ¡Tú, que fuiste el más decidido en confesarme como el Hijo de Dios, y que prometiste solemnemente que nunca me repudiarías!
4. Fue una mirada compasiva. Pedro, ¡cuán caído y perdido estás si yo no te ayudo!
5. Fue una mirada directiva, para que fuera y recapacitara.
6. Fue una mirada significativa; significaba la comunicación de gracia al corazón de Pedro, para capacitarlo al arrepentimiento. La gracia de Dios obra en y por la palabra de Dios, la trae a la memoria y la aplica a la conciencia, y así da al alma el feliz giro.
Cristo miró a los principales sacerdotes y no causó en ellos impresión alguna como sí la causó en Pedro. No fue la mera mirada de Cristo, sino la gracia divina que la acompañaba, lo que restauró a Pedro.
Jesús confiesa ser el Hijo de Dios (
Fuente y atribución
Autor original: Religious Tract Society
Título original: Devotional and Practical Commentary — Luke 22:54-62
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Religious Tract Society, publicado originalmente en Grace Gems.