La misericordia conviene muy bien al pecador consciente; y las riquezas de la misericordia de Dios convienen especialmente a quienes han sido llevados a una verdadera extremidad del alma, para ver y sentir cuán abundante debe él ser en misericordia, cuán desbordante en las sobreabundantes riquezas de su gracia, a fin de que se atrevan a abrigar la esperanza de un interés salvador en ella, descendiendo libremente a ellos en su estado bajo y perdido. Conocemos la misericordia de manera experimental y sentida antes de conocer el amor. El amor es primero en Dios, pero no es primero en nuestra experiencia de él; ni vamos a Dios, cuando comenzamos a sentir nuestra necesidad de misericordia, como si fuéramos objetos de su amor o pudiéramos abrigar la idea más remota de que un Dios tan santo pudiera amar a un pecador tan vil. Vamos a él para obtener misericordia, como dice el apóstol: "Lleguémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro".
La misericordia es lo primero que se busca en el trono de la gracia; y cuando esta misericordia se obtiene, entonces la gracia se busca continuamente para socorrer al alma impotente y dependiente en cada tiempo de necesidad, necesidad que dura toda la vida y hasta que la gracia es absorbida en la gloria. ¿No fue el ruego sencillo por misericordia la oración del publicano en el templo: "Dios, sé propicio a mí, pecador"? Y tal ha sido la oración de todos y cada uno cuyo corazón ha sido tocado por el dedo de Dios.
Fuente y atribución
Autor original: J. C. Philpot
Título original: February 28
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.