Mañana y noche

La misericordia soberana de Dios y la doctrina humilde de la elección

Dios reclama el derecho soberano de dar o retener su misericordia salvadora; la doctrina de la elección humilla al creyente y lo llena de gratitud adoración.

En estas palabras el Señor, de la manera más llana, reclama el derecho de dar o retener Su misericordia salvadora, conforme a Su propia voluntad soberana. Como la prerrogativa de vida y muerte está investida en el monarca, así el Juez de toda la tierra tiene derecho para perdonar o condenar al culpable, según le parezca bien en Su vista.

Los hombres, por sus pecados, han perdido todo derecho ante Dios; merecen perecer por sus pecados, y si todos perecieran, no tendrían motivo para quejarse. Si el Señor interviene para salvar a algunos, puede hacerlo siempre que los fines de la justicia no se vean frustrados; pero si juzga mejor dejar a los condenados que sufran la sentencia justa, nadie puede llevarlos a su tribunal. Necios e impúdicos son todos esos discursos contra la gracia soberana de Dios, que no son sino rebeliones de la orgullosa naturaleza humana contra la corona y el cetro de Jehová.

Cuando somos llevados a ver nuestra propia ruina total y nuestro merecimiento del mal, y la justicia del veredicto divino contra el pecado, ya no refunfuñamos ante la verdad de que el Señor no está obligado a salvarnos. No murmuramos si Él escoge salvar a otros, como si nos estuviera haciendo un agravio, sino que sentimos que si se digna mirarnos, será Su acto libre de bondad inmerecida, por el cual bendeciremos Su nombre para siempre.

¿Cómo adorarán suficientemente la gracia de Dios los que son objeto de la elección divina? No tienen lugar para la jactancia, pues la soberanía la excluye con mayor eficacia. La voluntad del Señor sola es glorificada, y la mera noción del mérito humano queda arrojada al desprecio eterno. No hay doctrina más humillante en las Escrituras que la de la elección. No las hay que más promuevan la gratitud y, por consiguiente, ninguna más santificadora. ¡Los creyentes no deben temerla, sino regocijarse en ella con adoración!

Fuente y atribución

Autor original: Charles Spurgeon

Título original: November 25 — Evening

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Charles Spurgeon, publicado originalmente en Grace Gems.

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