Al derramar su Espíritu sobre la descendencia de Sion, Dios derrama con él toda bendición espiritual que hay en su corazón o en sus manos para conceder. Cualquier bien terreno que disfrutes, sin la bendición de Dios no será sino una maldición; cualesquiera aflicciones que caigan a tu suerte terrenal, si Dios las bendice, todas serán finalmente convertidas en bendición. Y esta bendición no se da mezquinamente, pues el Señor ha prometido aquí que la DERRAMARÁ. Ha de darse con la misma profusión y abundancia que el Espíritu mismo. Sion no dudará ni de la bendición ni de la fuente de donde procede, pues lleva en sí misma su evidencia, resplandece con la luz de su propio testimonio y se manifiesta por sus propios efectos.
¿Y no realza aún más el contraste entre la tierra seca y las prometidas lluvias de bendición? Tu misma esterilidad y aridez hacen la promesa más adecuada, y por tanto más dulce. Si te miras a ti mismo, un yermo estéril se ofrece a tu vista. Si miras arriba, ves las nubes de bendición flotando en el cielo puro. Ves que el Señor ha prometido "derramar agua sobre el sediento, y torrentes sobre la tierra seca". Le ruegas que cumpla esa promesa en tu alma. No tienes otro ruego sino su propia palabra de promesa, otra recomendación sino tu propia y miserable esterilidad. Él te capacita para clamar a él. Escucha ese clamor y, a su tiempo, derrama agua sobre tu alma sedienta y torrentes sobre tu corazón seco y agrietado. ¡Oh, que el sentido de nuestra pobreza e indigencia sea siempre, en su sagrada mano, un medio para conducirnos a buscar aquella bendición que sólo él puede conceder!
Fuente y atribución
Autor original: J. C. Philpot
Título original: September 11
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.