Palabras de consuelo divino

La misma mano que hiere es la que sana

Consuelo profundo para el afligido: tanto la herida como la sanidad provienen de la mano de un Padre amoroso, cuya vara lleva en su punta el bálsamo que cura.

No es pequeño consuelo para el hijo afligido de Dios saber que tanto la herida como la sanidad brotan de una misma mano, y que esa mano es la de un Padre. La espada que hiere, bañada en el cielo, lleva en su punta el bálsamo que sana. Medita, alma mía, en esta verdad admirable; y si, como el ciervo herido, soportas tu llaga en soledad, la certeza de que quien hiere es quien sana puede despertarte de tu tristeza y atraerte más cerca del corazón de aquel «por cuya herida fuimos nosotros sanados».

«Yo hiero». ¡Qué majestad encierran estas palabras! Pertenecen a quien es el soberano dispensador de la enfermedad y la salud, de la vida y la muerte, de cuyo cinto penden las llaves del sepulcro y del Hades. Traza hasta su mano, alma mía, la herida que ahora te llena de dolor. ¿Cuál es la espada? ¿La visita del luto, el quebranto de la salud, la pérdida del patrimonio, la inconstancia de los amigos, la frialdad de otros creyentes o el oprobio y la calumnia del mundo? Eleva tu mirada por encima de la espada que te ha traspasado y contempla solo la mano que la sostiene y la gobierna. «Yo hiero» es la voz de un Padre amoroso. Señor, pierdo más de la mitad de mi tristeza cuando oigo tu voz que dice «Yo soy», y cuando la fe responde: «Él mismo lo ha hecho».

«Y sano». ¡Bendito Señor! ¿Quién puede sanar el espíritu herido, quién vendar el corazón quebrantado sino tú? Mi herida está demasiado fresca, mi llaga demasiado tierna, mi dolor demasiado profundo para que cualquier mano distinta a la tuya la toque. Tus heridas son mi sanidad, tu sangre mi bálsamo, tu angustia del alma el gozo de mi corazón. Si la herida fuere obra de tu propia mano, acude sin demora a Cristo: no hay llaga tan honda ni tan desesperada que no pueda sanar el toque amoroso de aquel que lleva en su palma la cicatriz del clavo.

Fuente y atribución

Autor original: Octavius Winslow

Título original: GOD'S WOUNDING AND HEALING

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Octavius Winslow, publicado originalmente en Grace Gems.

Comparte esta lectura