Los dos aspectos, si puedo usar la expresión, de nuestro gracioso Señor, en los cuales se envuelven toda nuestra fe, esperanza y amor, son un Jesús que muere y un Jesús resucitado: Cristo en sus padecimientos y muerte, Cristo en su resurrección y vida. Este es el Cristo de Dios, este es el Hijo de Dios en quien creemos para vida eterna, tal como se nos presenta en las Escrituras de verdad y por la enseñanza y el testimonio interior del Espíritu Santo. Si, pues, no crees en un Cristo que muere y en un Cristo resucitado, tu fe no es la fe de un cristiano. Ved ahora cómo esto se aplica a nuestro texto.
¿POR QUÉ llevamos en el cuerpo la muerte del Señor Jesús? Para que la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo. Así como llevamos en el cuerpo la muerte del Señor Jesús; así como padecemos con Cristo, morimos con Cristo, y entramos por fe en el misterio de su crucifixión de modo a ser mística y espiritualmente crucificados con él, resurgimos, por así decirlo, de esta muerte a la unión con el Cristo resucitado y viviente, de modo a derivar vida y fuerza, gracia y poder de su plenitud gloriosa. Pues él ha resucitado de los muertos; ya no está en el sepulcro, en el cual descendió con toda la debilidad de la muerte; sino que resucitó, y fue así «declarado Hijo de Dios con poder». Sí, él ha ascendido a lo alto, y ahora está sentado a la diestra de Dios en los más altos cielos. Entró dentro del velo, para ser el Sumo Sacerdote sobre la casa de Dios; allí también gobierna y reina como Rey en Sion; y allí vive siempre como nuestra Cabeza glorificada y resucitada. Así, pues, como llevamos en el cuerpo la muerte del Señor Jesús, crucificados con él y conformados a su muerte, de modo que «resucitados con él», hay aun ahora en nuestro cuerpo una manifestación de su vida resucitada.
Fuente y atribución
Autor original: J. C. Philpot
Título original: January 24
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.