Destellos desde las ventanas de la vida

La música de la vida nace cuando el yo se rinde

Una antigua leyenda japonesa sobre una campana nos recuerda que nuestra vida no produce música verdadera hasta que el yo muere y se entrega por amor a Cristo.

Es solo una leyenda pagana.

En Japón tienen una hermosa leyenda acerca de la fundición de una campana admirable. Hace mucho, mucho tiempo, el emperador escribió al hacedor de campanas, ordenándole que fundiera una campana más grande y más hermosa que cuanta se hubiera hecho antes. Le mandó poner en ella oro, plata y bronce, para que los sonidos fueran tan dulces y claros que, al colgarla en la torre del palacio, se oyera a cien millas de distancia. El hacedor de campanas puso oro, plata y bronce en su gran crisol, pero los metales no se mezclaban, y la campana fue un fracaso. Una y otra vez lo intentó, pero en vano. Entonces el emperador se enojó y envió un edicto diciendo que si la campana no se lograba en el siguiente intento, el hacedor de campanas debía morir.

El hacedor de campanas tenía una hermosa hija. Ella estaba muy angustiada por su padre. Envuelta en su manto, fue de noche al oráculo y preguntó cómo podía salvarlo. Este le dijo que el oro y el bronce no se mezclarían hasta que la sangre de una virgen se uniera a ellos en su fusión. Una vez más, el anciano hacedor de campanas se preparó para fundir la campana. La hija estaba a su lado y, en el momento del vaciado, ¡se arrojó en medio del metal fundido! La campana se hizo y resultó más admirable y perfecta que ninguna otra jamás creada. Cuelga en la gran torre del palacio, y sus dulces tonos se oyen a cien millas de distancia. La sangre del sacrificio, al mezclarse con el oro y la plata, dio a la campana su incomparable dulzura.

Es solo una leyenda pagana, pero su lección es verdadera. Nuestras vidas no producen música alguna hasta que el yo muere, y nuestra sangre se mezcla con nuestra ofrenda en los fuegos del altar del amor. Solo cuando perdemos nuestra vida por Cristo, la recuperamos, salvada y gloriosa.

Siempre debe haber la muerte del yo antes de que una vida pueda ser semejante a Cristo.

"Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame. Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la salvará. Lucas 9:23-24"

Fuente y atribución

Autor original: J. R. Miller

Título original: heathen l

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. R. Miller, publicado originalmente en Grace Gems.

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