Lecturas bíblicas diarias en la vida de Cristo

La noche se acerca y la obra del día aún espera

Jesús mismo sintió la urgencia del tiempo breve y la necesidad de cumplir pronto la obra encomendada. Cada vida es un día al servicio de Dios, suficiente para cumplir con fiel sencillez la parte que se nos ha asignado.

Incluso Jesús sentía la presión de la brevedad del tiempo, y la necesidad de hacer con prontitud y diligencia la obra que le había sido encomendada. Cuánto más deberíamos nosotros sentir esta presión, y apresurarnos a aprovechar los momentos a medida que vuelan. Todos tenemos alguna obra dada por Dios mismo. Estamos en el mundo en misiones divinas, enviados por Dios para tomar alguna parte específica en la bendición del mundo.

Para hacer esta obra, tenemos solamente un «día» de tiempo. El día de cada uno es su vida entera. Un día es un tiempo breve: no es mucho desde la salida hasta la puesta del sol. Es un tiempo fijo: cuando el sol llega a su ocaso, ningún poder en el universo puede prolongar su permanencia ni por un instante. Cuando llega la muerte, no esperará ni un solo momento. Entonces lo que quede inconcluso, inconcluso quedará para siempre.

Sin embargo, el día es suficientemente largo para el plan de Dios. El sol nunca se pone demasiado pronto para su propósito. Cada pequeña vida es suficientemente larga para la pequeña parte de la obra del mundo que le ha sido asignada. Esto es cierto aun del niño que vive apenas una hora, que únicamente llega a este mundo, sonríe su bendición y se va volando. Es cierto del niño, del joven o de la joven, de aquel que muere en la madurez de sus capacidades, con las manos aún llenas de tareas inconclusas. Nadie podrá jamás ofrecer como excusa por una vida inconclusa que el tiempo que se le dio fue demasiado corto. Siempre es suficientemente largo si tan solo cada momento se llena con sencilla fidelidad.

Para tener nuestra obra terminada al final, debemos hacerla mientras dure el día. M'Cheyne tenía en la esfera de su reloj la imagen de un sol poniente, y sobre ella las palabras: «¡La noche viene!». Cada vez que miraba su reloj para ver la hora, se le recordaba la brevedad de la vida y la urgente necesidad de ser diligentes en el deber. Todos nosotros deberíamos aprender esta lección.

Fuente y atribución

Autor original: J. R. Miller

Título original: The Night Comes

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. R. Miller, publicado originalmente en Grace Gems.

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