Nuestra meditación de ayer se dirigió a los medios humanos que debemos emplear con diligencia y fe; consideremos hoy la bendición divina que Dios ha prometido y que podemos esperar en el uso adecuado de esos medios. El templo era tipo de la Iglesia, y Zorobabel tipo de Cristo. La gran verdad que estos dos tipos prefiguran es que la obra de preparar los materiales y de construir la casa —la Iglesia de Dios, adquirida con su propia sangre— es, de principio a fin, una obra divina y sobrenatural, no realizada en grado alguno por el poder humano, sino única y enteramente por el Espíritu de Dios. «No con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu, dice el Señor de los ejércitos.»
¿De quién es la obra de la conversión: del hombre o de Dios? La Palabra responde vindicando su gloria: «Los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios» (Juan 1:13). ¡Oh, alma mía! Tu creación espiritual fue una obra más portentosa que la creación natural del vasto universo. En el nuevo nacimiento de un pecador hay más del poder, la sabiduría y el amor de Dios que en la creación de miríadas de mundos. La imagen divina restaurada, el alma muerta vivificada, el imperio del pecado derribado y el alma convertida en templo de Dios por el Espíritu: «No con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu, dice el Señor de los ejércitos.»
¿Y quién lleva adelante en tu alma la obra de la gracia así comenzada? El mismo Espíritu, por quien fue creada la primera lágrima de penitencia y encendida la primera chispa de amor, es nuestro Maestro, Santificador y Consolador. Honra al Espíritu reconociendo su obra, y el Espíritu te honrará completándola hasta el día de Jesucristo. ¿Cuál es el gran secreto del poder y el éxito en el servicio? Aún la respuesta es: «No con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu.» Somos fuertes para la labor y útiles en la obra de Dios en la misma medida en que cesamos de lo humano y nos apoyamos en lo divino, sacando todos nuestros recursos del Espíritu de Dios.
Fuente y atribución
Autor original: Octavius Winslow
Título original: THE BLESSING DIVINE
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Octavius Winslow, publicado originalmente en Grace Gems.