El acto de orar nos enseña nuestra indignidad, una lección muy provechosa para seres tan orgullosos como nosotros. Si Dios nos concediera sus favores sin obligarnos a pedirlos, nunca sabríamos cuán pobres somos; pero una verdadera oración es un inventario de necesidades, un catálogo de indispensables, una revelación de pobreza oculta. Al mismo tiempo que es una petición a la riqueza divina, es también una confesión del vacío humano. El estado más sano de un cristiano es estar siempre vacío de sí mismo y dependiendo constantemente del Señor para el suministro; estar siempre pobre en el YO y rico en Jesús; débil como el agua en lo personal, pero poderoso por medio de Dios para realizar grandes hazañas. Y por ello la oración, mientras adora a Dios, coloca a la criatura donde debe estar: ¡en el polvo mismo!
La oración es en sí misma, aparte de la respuesta que trae, un gran beneficio para el cristiano. Como el corredor adquiere fuerzas para la carrera mediante el ejercicio diario, así para la gran carrera de la vida adquirimos energía mediante la santa labor de la oración. La oración da plumaje a las alas de las jóvenes águilas de Dios, para que aprendan a remontarse por encima de las nubes. La oración envía a los guerreros de Dios al combate con los tendones tensos y los músculos firmes. Un intercesor ferviente sale de su aposento así como el sol sale de las cámaras del oriente, regocijándose como un hombre fuerte para correr su carrera.
La oración es esa mano alzada de Moisés, que derrota a los amalecitas más que la espada de Josué. La oración ciñe la debilidad humana con la fuerza divina, convierte la necedad humana en sabiduría celestial, y da la paz de Dios a los mortales atribulados. ¡No tenemos idea de lo que la oración puede hacer!
Te damos gracias, gran Dios, por el trono de gracia, una prueba escogida de tu maravillosa benignidad. ¡Ayúdanos a usarlo debidamente durante todo este día!
Fuente y atribución
Autor original: Charles Spurgeon
Título original: October 11 — Morning
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Charles Spurgeon, publicado originalmente en Grace Gems.