Muchas son «las sendas del Señor» que «destilan grosura», pero una especialmente señalada es la senda de la oración. Ningún creyente que pase mucho tiempo en el aposento tendrá necesidad de clamar: «Mi flaqueza, mi flaqueza, ¡ay de mí!» Las almas hambrientas viven lejos del trono de la gracia, y llegan a ser como los campos secos en tiempos de sequía. La prevalecencia con Dios en la oración perseverante seguro que hará fuerte al creyente—si no feliz.
El lugar más cercano a la puerta del cielo es el trono de la gracia celestial. Mucho tiempo a solas con Jesús—y tendrás mucha certeza; poco tiempo a solas con Jesús—y tu religión será superficial, contaminada con muchas dudas y temores, y no resplandecerá con el gozo del Señor. Puesto que la senda que enriquece el alma de la oración está abierta aun al más débil de los santos; puesto que no se requieren altos logros; puesto que no se te manda venir porque seas un santo avanzado—sino que eres libremente invitado si eres santo en absoluto; cuida, querido lector, de estar a menudo en el camino de la devoción privada. Permanece mucho de rodillas, pues así Elías atrajo la lluvia sobre los campos hambrientos de Israel.
Hay otra senda especial que destila grosura para los que andan por ella: es el sendero secreto de la comunión con Jesús. ¡Oh, los deleites de la comunión con Jesús! La tierra no tiene palabras que puedan expresar la santa calma de un alma recostada sobre el pecho de Jesús. Pocos cristianos lo comprenden; viven en las tierras bajas—y rara vez suben a la cumbre de Nebo; viven en el atrio exterior—no entran al lugar santo, no toman para sí el privilegio del sacerdocio. A la distancia ven el sacrificio—pero no se sientan con el sacerdote a comer de él, ni a disfrutar la grosura de la ofrenda encendida. Pero, lector, siéntate siempre bajo la sombra de Jesús; sube a esa palmera, y tómale de las ramas; sea tu amado para ti como el manzano entre los árboles del bosque, y serás saciado con tuétano y grosura. ¡Oh Jesús, visítanos con tu salvación!
Fuente y atribución
Autor original: Charles Spurgeon
Título original: October 18 — Morning
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Charles Spurgeon, publicado originalmente en Grace Gems.