Mañana y noche

La oración que más deleita a Dios: interceder por otros

La oración intercesoria es la más dulce que Dios oye, pues se asemeja a la de Cristo, y a la vez es sumamente poderosa para obrar maravillas en favor de los hermanos.

Como estímulo para ofrecer con alegría la oración intercesoria, recordad que tal oración es la más dulce que Dios jamás oye, porque la oración de Cristo es de este carácter. En todo el incienso que nuestro gran Sumo Sacerdote ahora echa en el incensario de oro, no hay un solo grano para Sí mismo. Su intercesión debe ser la más aceptable de todas las súplicas; y cuanto más se parezca nuestra oración a la de Cristo, más dulce será. Así, aunque las peticiones por nosotros mismos serán aceptadas, nuestras súplicas por otros, al contener más de los frutos del Espíritu, más amor, más fe, más bondad fraternal, serán, por los preciosos méritos de Jesús, la oblación más dulce que podemos ofrecer a Dios, lo mejor de nuestro sacrificio.

Recordad, además, que la oración intercesoria es sumamente poderosa. ¡Cuántas maravillas ha obrado! La Palabra de Dios rebosa con sus hechos portentosos. Creyente, tienes en tu mano un instrumento poderoso: úsalo bien, úsalo constantemente, úsalo con fe, y serás sin duda un bienhechor para tus hermanos. Cuando tienes el oído del Rey, háblale por los miembros sufrientes de Su cuerpo. Cuando eres favorecido para acercarte mucho a Su trono, y el Rey te dice: «Pide, y te daré lo que quieras», que tus peticiones sean no solo para ti, sino para los muchos que necesitan Su ayuda.

Si tenéis gracia en absoluto, y no sois intercesores, esa gracia debe ser tan pequeña como un grano de polvo. Tenéis apenas la gracia suficiente para mantener vuestra alma a flote sobre las arenas movedizas; pero no tenéis torrentes profundos de gracia, o de lo contrario llevaríais en vuestra gozosa nave una pesada carga con las necesidades de otros, y traeríais de vuestro Señor, para ellos, ricas bendiciones que sin vosotros quizá no habrían obtenido.

«¡Oh, que mis manos olviden su destreza, mi lengua enmudezca, fría y quieta, y este corazón latir olvide, si del trono de la gracia me olvidare!»

Fuente y atribución

Autor original: Charles Spurgeon

Título original: February 6 — Evening

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Charles Spurgeon, publicado originalmente en Grace Gems.

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