Porciones diarias

La piedad que desciende al valle con Cristo

La verdadera religión es honda, no un globo en las alturas. Cristo tomó el último lugar; para estar con él hay que bajar al valle. Allí la piedad se ejercita y tiene promesa para esta vida y la venidera.

La verdadera religión es honda; no es un globo suspendido a millas en el aire. Es como la verdad: está en el fondo del pozo. Hay que bajar, pues, a la religión, si ha de estar realmente en nuestros corazones. El Señor Jesucristo fue «varón de dolores, experimentado en quebranto». Tomó el lugar más bajo, último y menor. Siempre estuvo abajo; de modo que si hemos de ser compañeros del Señor Jesucristo, debemos bajar con él: al valle, al sufrimiento, a la humillación, a la prueba, al dolor. Cuando nos hinchamos con el gozo mundano o nos exaltamos con el excitamiento carnal, no simpatizamos con el Señor Jesucristo en su humanidad sufriente; no vamos entonces con él al huerto de Getsemaní ni lo contemplamos como «el Cordero de Dios» en el madero maldito. Nos las arreglamos muy bien sin Jesús cuando el mundo sonríe y lo carnal está en lo alto de nuestro corazón.

Pero venga la aflicción, una cruz pesada, una carga que nos abruma, entonces caemos al lugar donde solo se halla al Señor Jesús. Entonces hallamos, si el Señor se digna traer un poco de piedad al alma y sacarla a ejercicio vital, que tiene «promesa de la vida presente». Hay promesas conectadas con ella de sostén y fuerza, consuelo y paz, que el mundo no conoce; hay en ella verdad, poder, realidad y bienaventuranza que lengua jamás podrá expresar. Y cuando el alma es oprimida en el valle de la aflicción y el Señor se complace en encontrarse con ella allí y visitarla entonces, y sacar la piedad en sus actos y ejercicios, se halla que tiene «promesa de la vida presente». Fe, esperanza, amor, arrepentimiento, oración, humildad, contrición, paciencia y paz, todos estos dones y gracias del Espíritu se ejercitan principalmente cuando el alma está abatida en la aflicción.

Y la piedad tiene también la promesa de «la vida venidera». Sostiene en vida y en muerte, y lleva el alma a una eternidad feliz y bendita. La gracia terminará en gloria; la fe, en vista; la esperanza, en fruición. El alma enseñada por Dios verá a Jesús tal como él es. Así la piedad tiene «promesa de la vida venidera», cuando abunde la paz eterna, sean enjugadas las lágrimas de todos los rostros y la gracia se consuma en bienaventuranza sin fin.

Fuente y atribución

Autor original: J. C. Philpot

Título original: August 10

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.

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