Las vigilias nocturnas

La plenitud de gozo en su presencia

La comunión con Dios, ya dulce en esta vida, alcanzará su plenitud eterna cuando veamos a Dios cara a cara.

Aun en este mundo, donde el cristiano solo puede aprehender a Dios confusamente, ¡cuán dulce es el sentido de su presencia, su amistad y su amor! ¿Y qué será en aquel mundo eterno, donde se le ve en visión abierta! Si el anticipo es bendito, ¡qué será la fruición! Si los rayos de la gloria divina alegran, ¡qué será el pleno resplandor de aquel Sol mismo! Creyente, ¿te deleitas a menudo en hacer pausa en tu viaje? ¿Ama la fe ascender su monte Pisga y divisar aquella tierra prometida? ¿Cuál es el rasgo y elemento grandioso que absorbe todos los accesorios en tu bienaventuranza futura? Que respondan patriarcas, profetas y apóstoles: «¡Tu presencia!» «En mi carne veré a Dios», dice uno. «Seré saciado», dice otro, «cuando despierte, con tu semejanza». «¡Verán su rostro!», dice un tercero. En medio de todas las visiones resplandecientes de un cielo venidero concedidas a Juan en Patmos, hay un objeto todo glorioso que tiene siempre una preeminencia única y singular: ¡Dios mismo!

No hay sol, ¿por qué? «Porque el Señor Dios los ilumina». No hay templo, ¿por qué? «Porque el Señor Dios Todopoderoso y el Cordero son el templo». Los santos habitan en santa hermandad; pero ¿cuál es el poderoso vínculo de su unión, su gozo principal? «¡Aquel que está sentado en el trono habitará entre ellos!» Ya no tienen la intervención de ordenanzas y medios, ¿por qué? Porque «el Cordero que está en medio del trono los pastoreará y los guiará a fuentes de aguas vivas». Ya no recurren al depósito de las promesas, ¿por qué? Porque «Dios mismo enjugará toda lágrima de los ojos de ellos». Lector, aquí está el verdadero «Peniel», donde «verás a Dios cara a cara». Aquí está el verdadero «Mahanaim», donde los ángeles de Dios te salen al encuentro.

En el cielo está la verdadera comunión de santos, la gloriosa hermandad de los Profetas, la noble hermandad de los Apóstoles, el noble ejército de los Mártires. Sin embargo, todo esto será subserviente y subordinado a lo primero: la visión y fruición de Dios. Aun el reconocimiento de los seres amados separados por la muerte (ese dulce elemento en la perspectiva de bienaventuranza del creyente) palidecerá, en comparación, ante aquella «Gloria que sobresale». ¿Estás entre aquellos «limpios de corazón» que «verán a Dios»? Recuerda la solemne advertencia de la Biblia: «Sin santidad nadie verá al Señor». Recuerda su solemne admonición: «Y todo aquel que tiene esta esperanza puesta en él, se purifica a sí mismo, así como él es puro». «¡Ver a Dios!» ¡Oh, cuánta preparación se necesita para una contemplación tan magnífica! Infinita indignidad y nulidad, ¡estar en la presencia de la Majestad, Pureza y Gloria infinitas!

¿Puedo maravillarme de la mucha disciplina que se requiere antes de poder ser así «presentada irreprensible delante de su gloria»? ¡Cómo se desvanecerán estos necesarios fuegos del horno en nada, vistos desde el trono de zafiro! Corazón y carne pueden desfallecer y fallar; pero, recordando que ese mismo Dios es ahora «el que fortalece mi corazón», y será mi «porción para siempre», puedo decir con gozo: «En paz me acostaré y dormiré, porque solo tú, Señor, me haces vivir confiado». — Salmo 4:8

Fuente y atribución

Autor original: John MacDuff

Título original: THE PRESENCE OF GOD

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de John MacDuff, publicado originalmente en Grace Gems.

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