"En tu presencia hay plenitud de gozo; a tu diestra hay delicias para siempre." Salmo 16:11
En este mundo de pecado y dolor existe algo semejante a una dicha verdadera. La verdadera religión concede a quienes la poseen un gozo real; no solo está diseñada para hacerlos santos — sino también para hacerlos felices; y es al obrar la santidad como se produce la felicidad. Lo ha hecho en todas las épocas, y lo hace en el presente. Hoy, como en los días de Salomón, "Sus caminos son caminos deleitosos, y todas sus sendas son paz." Hoy, como en los días de David, ella "pone alegría en el corazón, más que cuando abundan el trigo y el vino de los impíos." Hoy, como en los días de Pablo, ella concede "gozo y paz en el creer."
Por el gozo con el que el creyente es aquí favorecido — ese gozo del Señor, que es su fortaleza — debe dar alabanza a Aquel de quien procede.
Pero, aun siendo agradecido por los arroyos de consuelo aquí abajo — ¡le están reservados ríos de gozo sin fin allá arriba! Es delicioso sacar agua de los manantiales de salvación, o aun beber del arroyo en el camino; pero,
"Si tal es la dulzura del arroyo,
¡cuál no será la fuente;
donde santos y ángeles sacian su dicha,
directamente de Ti!"
¡El gozo del cielo! ¡Medita en él, alma mía! Piensa en su plenitud, por un lado, y en su perpetuidad, por otro. "Plenitud de gozo" "delicias para siempre." Tu vaso lleno hasta rebosar — sí, desbordando; y, después de beber abundantemente, poseer la dulce conciencia de que la fuente jamás se secará.
Pero este gozo, tan ilimitado en su medida y eterno en su duración — ¿de dónde procede? De Ti, oh celestial fuente — ¡directamente de Ti! "¿Cuál es el rasgo y elemento supremo," tomando prestado el lenguaje de un escritor reciente, "que absorbe todas las circunstancias de la bienaventuranza futura? Que respondan patriarcas, profetas y apóstoles — ¡es 'tu presencia'!"
En mi carne veré a Dios, dice uno.
Quedaré satisfecho cuando despierte a su semejanza, dice otro.
Verán su rostro, dice un tercero.
Allí no hay candela — ¿por qué? El Señor Dios los ilumina.
No hay templo — ¿por qué? Porque el Señor Dios Todopoderoso y el Cordero son su templo.
Ya no recurren al depósito de las promesas — ¿por qué? ¡Porque Dios mismo enjugará toda lágrima de sus ojos!
Este será el verdadero Peniel, donde verán a Dios cara a cara. Allí estará la noble compañía de los profetas, la gloriosa comunión de los apóstoles, el valiente ejército de los mártires; pero todo quedará subordinado a la visión y el goce de Dios mismo. Aun el reconocimiento de los seres queridos, ese dulce elemento en la esperanza de bienaventuranza del creyente, palidecerá en comparación, como la luz de una candela — ante esta gloria que todo lo supera.
"Bienaventurados los de limpio corazón" — ahí está el cielo en su aspecto subjetivo.
"Ellos verán a Dios" — ese será el cielo en su aspecto objetivo.
El uno — el cielo aquí abajo; el otro — ¡el cielo allá arriba!
¿Podremos, entonces, apreciar en exceso, o buscar con demasiado ardor, la presencia divina durante nuestra peregrinación terrenal?
"Muchos dicen: ¿Quién nos mostrará algún bien? Señor, alza sobre nosotros la luz de tu rostro." Su favor es vida; su sonrisa es cielo; su ceño es infierno.
Contra el abandonarlo a Él, que es la fuente de aguas vivas, y el labrarnos cisternas rotas que no pueden retener agua — guardémonos con vigilancia incesante, y oremos con oración sin cesar. Mirándolo a Él, como el Bien supremo, demos expresión a las convicciones arraigadas de nuestra mente y a los piadosos anhelos de nuestro corazón, con las palabras del devoto poeta:
"Mas, oh Tú, dador generoso de todo bien;
Tú eres de todos tus dones — Tú mismo la corona:
da lo que puedas — sin Ti somos pobres,
y contigo ricos — quita lo que quieras."
Fuente y atribución
Autor original: John MacDuff
Título original: The Beatific Vision
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de John MacDuff, publicado originalmente en Grace Gems.