La presencia de Dios y de Cristo en el cielo

La presencia constante de Dios en el cielo

En el cielo los santos disfrutarán sin interrupción de la presencia de Dios; esta presencia constante es la gloria de toda la gloria.

Tercero, así como disfrutarán de una presencia satisfactoria de Dios en el cielo, así también disfrutarán de una presencia constante y permanente de Dios en el cielo. Aquí en la tierra la grata presencia de Dios va y viene. Pero en el cielo el Rey de gloria estará siempre presente. «Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire; y así estaremos siempre con el Señor. Por tanto, confortaos unos a otros con estas palabras» (1 Tesalonicenses 4:17-18).

Es la presencia constante de Dios en el cielo lo que hace un cielo de consuelo para las almas bienaventuradas. Si este sol se pusiera alguna vez, si esta presencia llegara a faltar, el cielo sería tan oscuro como el infierno; sí, el cielo sería otro infierno. Aquí en la tierra, Jonás se queja de haber sido echado de la presencia de Dios, y la iglesia se queja de que el que debería recrear su alma se ha alejado. Ningún santo goza siempre de la grata presencia de Dios. Los que más disfrutan de esta presencia pueden decir de ella, como Jacob habló del semblante de Labán: «Veo —dijo él— que el semblante de tu padre ya no es para mí como antes» (Génesis 31:5); así pueden ellos decir: «¡Oh, vemos; ¡oh, sentimos que la presencia de Dios no está ya con nosotros como antes!

¡Oh, qué presencia tan calentadora, qué alentadora, qué vivificadora, qué reanimadora, qué consoladora, qué enternecedora, qué alentadora, qué sostenedora de Dios teníamos una vez! ¡Oh, pero ya no es así con nosotros! Nosotros que solíamos estar siempre en el regazo o en los brazos de Cristo, ahora estamos a distancia de él. El que solía estar día y noche como manojito de mirra entre nuestros pechos, ahora se ha cubierto con una nube (Cantares 1:13). ¡Oh, no podemos ver su rostro, no podemos oír su voz, como en los días de antaño, etc.!»

Pero ahora, en el cielo, los santos disfrutarán de la presencia constante de Dios; no habrá ni un solo momento en toda la eternidad en que no disfruten de la gloriosa presencia de Dios. En verdad, es esta presencia constante de Dios en el cielo la que pone gloria sobre toda la gloria de los santos. El cielo sin esta presencia constante de Dios sería como una corte sin rey o como el cielo sin sol. Así veis que la mejor y más escogida presencia de Dios y de Cristo se guarda para el cielo.

Fuente y atribución

Autor original: Thomas Brooks

Título original: Heaven the Presence of God and Christ — parte 4

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Thomas Brooks, publicado originalmente en Grace Gems.

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