¡Oh, qué detector del estado secreto de nuestras almas resulta ser a menudo la temporada de prueba! No nos damos cuenta de nuestra fuerza mermada, de nuestra fe débil, de nuestra gracia impotente, ni de cuán débil es nuestro asimiento de Cristo, hasta que somos llevados por el sendero de la aflicción. La prosperidad velo el verdadero estado de nuestra alma; ningún cristiano puede formar un estimado exacto de su condición espiritual sin haber sido llevado a la prueba. Desmayamos en el día de la adversidad porque entonces descubrimos —lo que quizá ni sospechábamos en el día de la prosperidad— que nuestra fuerza es pequeña.
Pero las temporadas de prueba son, enfáticamente, lo que la palabra expresa: prueban la obra en las almas de los justos. El descubrimiento más profundo que entonces se hace del mal del corazón no es el menor de sus resultados. Qué necedad permanece aún en los corazones de los sabios, atada y medio oculta, ¡quién lo podría decir! La vara santificada de la corrección la revela, y ese descubrimiento resulta una de las bendiciones más costosas en la experiencia del hijo disciplinado. No nos encogamos, pues, ante la prueba, ni nos asustemos de su descubrimiento, si solo nos lleva más cerca de la santidad, más cerca de Cristo, más cerca de Dios y del cielo.
El tiempo de angustia es también, con frecuencia, tiempo de recuerdo, y por ello tiempo de avivamiento. Las caídas pasadas —no pensadas, no sospechadas, no confesadas— vuelven a la memoria en la temporada en que Dios trata con nosotros. Como David, exclamamos: «Pensé en mis caminos, y volví mis pies a tus testimonios; me apresuré, y no me retardé en guardar tus mandamientos». Que la prueba nos conduzca, pues, al arrepentimiento sincero y a una fe renovada en Aquel que corrige con amor.
Fuente y atribución
Autor original: Octavius Winslow
Título original: Evening Thoughts - January 25
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Octavius Winslow, publicado originalmente en Grace Gems.