"Cuando cierta mujer inmoral de aquella ciudad oyó que Él comía allí, trajo un hermoso frasco de alabastro lleno de perfume costoso. Entonces se arrodilló detrás de Él, a sus pies, llorando. Sus lágrimas caían sobre sus pies, y ella los enjugaba con su cabello. Luego no dejaba de besar sus pies y de perfumarlos." Lucas 7:37-38
La verdadera pureza no teme entrar en contacto con el más vil de los pecadores. El Salvador santo y la mujer pecadora no están separados por ningún abismo insalvable; aunque ella está hundida en el mal — y Él es el Santo. Él puede acercarse a ella, y lo hará...
sin contraer infección alguna,
sin respirar aire venenoso,
sin sufrir el más mínimo daño.
Señor, hazme tan blanco y limpio, que pueda moverme entre los impíos — y sin embargo mi imaginación, mi corazón y mi vida permanezcan sin mancha. Revísteme con la armadura de una santidad semejante a Cristo, para que pueda caminar a salvo en territorio del enemigo y en la tierra azotada por la plaga sin contraer mancha alguna.
Y el vil pecador no teme entrar en contacto con la verdadera pureza. La mujer pecadora se apartó de Simón el fariseo — pero no de Jesús, el Hijo de Dios; el uno era moralista y legalista — el Otro era Redentor y Amigo.
Será una señal triste y condenatoria de mi cristianismo, si este aleja al transgresor, en vez de atraerlo a mis pies, y, por medio de mí, a Pies más divinos que los míos — ¡los benditos Pies traspasados del Salvador de los perdidos!
Quisiera ser un santo, y sin embargo un santo alrededor del cual se reúnan los miserables y desdichados y pobres y ciegos y desnudos.
Fuente y atribución
Autor original: Alexander Smellie
Título original: The Hour of Silence — Luke 7:37-38
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Alexander Smellie, publicado originalmente en Grace Gems.