Lejos de cooperar con el Espíritu en la nueva creación, el hombre natural le presenta toda resistencia y oposición. No hay solo una aversión pasiva, sino una resistencia activa a la obra. La corriente de las inclinaciones naturales del hombre corre en contra de toda santidad. Se ha establecido una corriente fuerte y constante contra Dios y contra todo lo que Dios ama. El orgullo de la razón, la perversidad de la voluntad, la enemistad de la mente y el amor del corazón al pecado se levantan en armas contra la entrada del Espíritu Santo. Satanás, el gran enemigo de Dios y del hombre, ha estado demasiado tiempo en quieta y tranquila posesión del alma para resignar su dominio sin una lucha recia y terrible por mantenerlo.
Cuando el Espíritu de Dios llama a la puerta del corazón, el hombre fuerte convoca a todo aliado para apagar al Espíritu y atrancar cada avenida a su entrada. Todo es alarma, agitación y conmoción dentro. Hay peligro de ser desposeído, y todo argumento, persuasión y artimaña debe emplearse para retener el trono por tanto tiempo disputado. El mundo es convocado para lanzar su señuelo más seductor: la ambición, la riqueza, la distinción literaria y política, el placer en sus mil formas de fascinación y poder, todo desfila ante la mente. La carne ejerce su influencia; se apela al amor del pecado, al afecto por alguna concupiscencia largamente abrigada, por algún hábito largamente indulgido. Así, Satanás, el mundo y la carne se oponen al Padre, al Hijo y al Espíritu en la gran obra de la regeneración espiritual.
Que nadie se engañe creyendo que, cuando Dios el Espíritu eterno entra en el alma, halla el templo barrido y adornado y dispuesto para recibirle; que, sin el ejercicio de su propio poder omnipotente e irresistible, el corazón salta a darle la bienvenida, la razón se somete y la voluntad cede al instante. ¡Oh, no! Si el que habita en el regenerado no fuera mayor y más poderoso que el que está en el mundo, tal es la enemistad del corazón contra Dios, tal el dominio que Satanás ejerce sobre todo el imperio del hombre, que Dios sería para siempre excluido y el alma para siempre perdida. Ved cuán claramente se prueba que la regeneración es obra del Espíritu. Dios lo ha escrito como con un rayo de sol: somos hechura suya, y el Espíritu eterno es el agente todopoderoso.
Fuente y atribución
Autor original: Octavius Winslow
Título original: Evening Thoughts - June 4
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Octavius Winslow, publicado originalmente en Grace Gems.