Nos dicen que la risa está desapareciendo entre los hombres. Si así fuere, sería una lástima. El Sabio dice que "hay tiempo de reír". Es decir, hay un tiempo en que la risa es correcta, en que es un deber, y en que sería malo no reír. Tal vez no hemos sido dados a pensar en la risa de esta manera. La consideramos un ejercicio agradable, pero no solemos incluirla entre los deberes, como la honestidad o la bondad.
Sería, sin embargo, una triste cosa que la risa llegara a ser del todo arrinconada de la vida. Hay otros ejercicios que podríamos perder con mucho menos costo. Piénsese en un mundo de seres humanos sin risa: hombres y mujeres con rostros siempre graves, serios, solemnes; sin que el rigor se aflojara en ninguna ocasión. Piénsese en la risa de la infancia desapareciendo del mundo, y la risa de la juventud: ¡cuán monótona y desolada sería la vida!
La risa tiene su lugar en toda vida sana, saludable y santa. El hombre que nunca sonríe es morboso. Ha perdido las cuerdas del gozo de su vida. Se ha entrenado para pensar sólo en cosas desagradables, para mirar siempre y únicamente el lado oscuro. Se ha acostumbrado tanto a la tristeza que los músculos de su rostro se han endurecido en líneas rígidas y fijas, y no logran relajarse. Sus pensamientos acerca de la vida son sombríos, y esa sombra ha entrado en su alma y ha oscurecido sus ojos.
Todo esto está mal. Es anormal, antinatural. Es cierto que la mayoría de nosotros vivimos atareados y agobiados. Nuestra vida está llena de tareas serias que ocupan cada momento y nos dejan poco tiempo para el descanso. Sin embargo, el trabajo duro no debería jamás arrojar la risa del alma. Debemos conservar un corazón feliz en medio del más arduo trabajo. Debiéramos cantar mientras trabajamos. Trabajaremos mejor y con mucha mayor eficacia si mantenemos la música resonando siempre dentro de nuestro pecho. "Un corazón triste se cansa en una milla", dice la vieja canción. "El gozo del Señor es vuestra fuerza", dijo Nehemías al pueblo, al exhortarlo a regocijarse. El gozo del espíritu hace que las cargas parezcan más ligeras y las tareas más fáciles. Probablemente sea necesario exigir silencio en ciertos lugares donde la gente trabaja junta, pero no es el modo natural. Mucho se añadiría al valor del trabajo si los golpes del esfuerzo pudieran ser los compases de una música gozosa.
La risa es señal de un corazón bueno y de una buena conciencia. Shakespeare dijo cosas bastante poco halagadoras del hombre que no tiene música en su alma. Donde no hay risa, anidan todos los males. Los demonios no ríen, salvo la risa de la exultación perversa por el mal que han causado, o la risa de burla ante la bondad y la virtud. Nada en la tierra es más hermoso que la risa alegre de la infancia. Es el brotar de la fuente de la inocencia y la simplicidad en el corazón del niño. Habla de un espíritu aún no corrompido por el pecado, no herido por el mal del mundo. La risa espontánea y santa habla siempre de piedad. El hombre que nunca ríe no debe culpar a sus semejantes si piensan que hay algo mal en su vida, algo oscuro dentro de él. Si las corrientes que fluyen hacia fuera son sólo amargas, ¡la fuente no puede ser dulce!
Aun la aflicción no debería apagar la risa. El dolor a menudo rueda como un río oscuro sobre las vidas humanas, y a veces puede parecer como si no pudiera haber ya alegría en el corazón después de ello. Pero por grande que sea el dolor, el gozo debería sobrevivirlo. El gozo cristiano no tiene su fuente en la tierra, sino en el cielo, en los collados eternos. Las personas que viven en los valles entre grandes montañas tienen agua incluso en el verano más seco y caluroso, porque reciben su provisión de manantiales que brotan de las montañas y no se ven afectados por el calor ni por la sequía. Los manantiales de gozo del cristiano son perennes, porque fluyen de debajo del trono de Dios. Por mucho que salga mal, debemos seguir cantando y estar gozosos.
A lo largo de la costa, a veces se encuentran manantiales de agua dulce que brotan al borde mismo del mar salado. Las mareas pasan por encima y los sepultan de vista por un tiempo, pero cuando las aguas salobres se retiran de nuevo, los manantiales siguen tan dulces como siempre. Así también, después del dolor más profundo, las fuentes de gozo del corazón deberían hallarse aún derramando sus corrientes de alegría. Cristo habla mucho de que su pueblo tenga su gozo, un gozo que el mundo ni puede dar ni puede quitar. Dice también que su tristeza se convertirá en gozo, queriendo decir que el gozo más profundo en este mundo es dolor transformado, y no el gozo que jamás ha conocido el sufrimiento.
Si, por tanto, somos cristianos, el dolor no debería arrancar la risa de nuestra vida. Algunas personas parecen pensar que sería deslealtad a sus amigos que ya partieron el volver a ser felices alguna vez. Pero esto no es cierto. Por supuesto, hay un sentido en el que nunca superamos del todo el dolor. Nuestra vida nunca es la misma después de una dura pérdida. Llevamos las marcas para siempre. Pero no deberían ser marcas de tristeza. Hay una bienaventuranza del Maestro que declara bienaventurados, o felices, a los que lloran, porque tienen el consuelo de Dios. El consuelo de Dios es el gozo del cielo que entra en el alma humana. Es una bendición que transmuta el dolor en gozo y la pérdida en ganancia. El dolor sanado por el tratamiento sabio y hábil de Dios no deja feas cicatrices ni heridas sangrantes. Nada hermoso se pierde en el dolor que Cristo consuela. Las canciones más dulces cantadas en la tierra son aquellas que se aprenden en el cuarto oscuro de la prueba.
El verdadero problema de vivir es pasar, sin daño en nuestro carácter real, por las mayores pruebas, y tener la vida suavizada, enriquecida y refinada por cada aflicción que soportamos. Por tanto, no hemos enfrentado bien el dolor si salimos de él con una pérdida de gozo. Nuestros cánticos deberían ser más dulces y nuestra risa más gozosa, si menos estridente, por un bautismo de dolor.
Hay una misión para el humor. El hombre que logra hacer reír a otros puede ser una gran bendición para sus semejantes. Hay momentos en la experiencia de una persona en que un poco de diversión es mejor, más un medio de gracia, que un serio sermón. Hay veces en que la mejor ayuda que podemos dar a un amigo es hacerlo reír.
El Sabio dice:
"El corazón alegre hermosea el rostro, pero el dolor del corazón abate el espíritu." Proverbios 15:13
"El corazón alegre tiene un banquete continuo." Proverbios 15:15
"El corazón gozoso es buena medicina, pero el espíritu quebrantado seca los huesos." Proverbios 17:22
Una risa franca curaría muchos males pasajeros, ahuyentando la melancolía y cambiando todo el aspecto de la vida de un hombre. El don de un humor brillante y alegre es digno de envidia. El hombre que logra mantener a la gente riendo en la mesa es a la vez promotor de salud y dispensador de felicidad.
Podemos, por tanto, contar la risa entre los deberes cristianos. Y no es uno de los deberes menores. Puede que no haya ningún mandamiento en el Decálogo que diga: "Reirás", pero ciertamente Cristo enseñó que el gozo es un deber, una de las virtudes que todo cristiano debe cultivar. Nadie cree ya la vieja tradición de que Jesús nunca sonrió, sino que siempre lloró. Debió ser un hombre de corazón feliz. Pablo también deja muy claro en sus enseñanzas que debemos gozarnos siempre, y que el gozo es fruto del Espíritu, una cualidad esencial de la vida cristiana completa.
No es difícil para los jóvenes reír; les viene natural. Deben cultivar la risa como una gracia cristiana, sin perder jamás el arte ni permitir que caiga en desuso. Deben procurar estar siempre alegres. Viviendo cerca del corazón de Cristo, siguiendo fielmente su mandamiento y obedeciendo a la conciencia, sus vidas pueden estar siempre llenas de gozo y de cántico. Por supuesto, hallarán espinas en su camino y el sol no siempre brillará. Pero habrá diez veces más gozo que tristeza en su vida, y aun las nubes traerán la lluvia con su bendición, y el dolor hará el canto más dulce, si más suave.
Fuente y atribución
Autor original: J. R. Miller
Título original: The Duty of Laughter
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. R. Miller, publicado originalmente en Grace Gems.