Hay algo en esa expresión de nuestro texto, «roca», que a mi mente arroja una luz dulce y bendita sobre lo que Jesús es para el pobre y necesitado. La roca debe descender hasta el fondo de las aguas profundas y alzarse sobre ellas para ser un refugio suficiente para el marinero náufrago. Si la roca no llegara al fondo, no sería firme; sería solo arena movediza. ¿No se aviene esto con el testimonio del Espíritu acerca de la humanidad de Cristo? ¡Cuán hondo descendió esa humanidad en todas nuestras tristezas, en todos nuestros sufrimientos, en todos nuestros pecados, en toda nuestra vergüenza! Por profundas que sean las aguas, la roca es más profunda que todas; por hondos que sean los sufrimientos, pecados y pesares de la Iglesia, los sufrimientos y pesares de «Emanuel, Dios con nosotros», fueron infinitamente más profundos. Mas las olas y los grandes oleajes baten en vano contra la roca; no pueden moverla de su lugar. Así es con la roca, Jesús. Todos los pecados, tentaciones, sufrimientos y pesares de los escogidos, junto con la ira de Dios y el furor del infierno, golpearon contra esa roca, pero jamás la movieron de su lugar.
Pero esta roca es presentada en nuestro texto como «más alta que yo». Allí tenemos la deidad. Pues si Jesús no fuera Dios además de hombre, el Dios-hombre, ¿qué sostén sería para el alma que se hunde? ¿Qué eficacia habría en su sangre expiatoria? ¿Qué poder y gloria en su justicia justificadora? ¿Qué idoneidad como Salvador para los totalmente perdidos? Pero siendo Dios además de hombre, sí, el Dios-hombre, el grande y glorioso Emanuel, pudo descender en su naturaleza humana hasta lo más profundo de la caída y elevarse en su naturaleza divina hasta el trono del Altísimo; y así, como la escalera de Jacob, su base descansaba sobre la tierra mientras su cima se elevaba hasta las nubes.
¿No será entonces, no deberá ser, siempre, cuando el Señor se digne levantar este clamor, el grito de nuestra alma: «Llévame a la roca que es más alta que yo»? No hay salvación en otra parte; no hay paz en otra parte; no hay consuelo en otra parte. Batido por las olas y casi ahogado por los grandes oleajes lejos de esa roca; pero si, conducido allí, llevado allí, guardado allí por el Espíritu bendito, hallamos en ella un fundamento seguro y firme para la eternidad. ¿Y qué sino una tal roca puede salvar nuestras almas, o qué sino tal Salvador y tal salvación, sin dinero y sin precio, puede convenir a miserias tan arruinadas?
Fuente y atribución
Autor original: J. C. Philpot
Título original: October 10
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.