Porciones diarias

La sabiduría de Cristo sobre las ruinas de la nuestra

La enseñanza divina despoja nuestra justicia, sabiduría y fuerza para levantar sobre sus ruinas la sabiduría, justicia y fuerza de Cristo.

El fruto y el efecto de la enseñanza divina es despedazar y arrancar de raíz toda nuestra sabiduría, fuerza y justicia carnales. Dios nunca pretende remendar un paño nuevo sobre un vestido viejo; nunca deja que nuestra sabiduría, nuestra fuerza o nuestra justicia tengan unión alguna con las suyas; todo ha de ser desgarrado, todo ha de ser arrancado de raíz, para que una sabiduría nueva, una fuerza nueva y una justicia nueva se levanten sobre sus ruinas. Pero hasta que el Señor se complace en enseñarnos, nunca podemos desprendernos de nuestra propia justicia, ni renunciar a nuestra propia sabiduría, ni abandonar nuestra propia fuerza. Estas cosas son parte integrante de nosotros mismos, tan arraigadas, tan innatas, tan crecidas con nuestro crecimiento, que no podemos desprendernos voluntariamente de un ápice de ellas hasta que el Señor mismo las quiebra y las arranca.

Entonces, al traer a nuestras almas algún conocimiento espiritual de nuestras propias y espantosas corrupciones y maldad, nuestra justicia se desmorona al toque divino; al llevarnos a ver y sentir nuestra ignorancia y necedad en mil ocasiones, y cuán incapaces somos de entender algo rectamente sino por enseñanza divina, nuestra sabiduría se desvanece; y al mostrarnos nuestra incapacidad de resistir la tentación y vencer el pecado por cualquier esfuerzo propio, nuestra fuerza se va marchitando, y quedamos como Sansón cuando le cortaron los cabellos. Sobre las ruinas, pues, de nuestra propia sabiduría, justicia y fuerza, levanta Dios la sabiduría de Cristo, la justicia de Cristo y la fuerza de Cristo; como Jesús dijo a su siervo Pablo: «Mi poder se perfecciona en la debilidad», lo que lo llevó a aquella conclusión admirable: «De buena gana, pues, me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo» (2 Cor. 12:9). Y solo en la medida en que seamos favorecidos con esta enseñanza especial somos llevados a pronunciar una sentencia solemne de condenación sobre nuestra propia sabiduría, fuerza y justicia, y a buscar con el corazón la del Señor.

Fuente y atribución

Autor original: J. C. Philpot

Título original: August 28

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.

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