Quien no tiene parte en la elección eterna de Dios Padre, en la sangre expiatoria y la justicia justificadora de Dios Hijo, en la obra y el testimonio de Dios Espíritu Santo, cualquiera que sea su nombre, secta, denominación o profesión; cualquiera que sea su conducta exterior, las doctrinas que profese o el credo al que ponga su firma, morirá como murió Esaú, como Balaam, como Saúl, como Judas y Ahitofel. Nunca verá al Rey en su hermosura; nunca verá la tierra lejana; nunca verá la nueva Jerusalén ni la sangre de aspersión «que habla mejor que la sangre de Abel».
Pero toda alma viva que ha sido enseñada en lo profundo sobre su condición perdida, que ha conocido algo de un lugar de reposo en Cristo, que ha vuelto la espalda al mundo y a la iglesia profesante y camina llorando hacia Sion, en cuyo corazón Dios Espíritu Santo ha implantado aquellos solemnes deseos y, si puedo expresarme así, aquellas solemnes determinaciones bajo la enseñanza divina, no una determinación de libre albedrío, sino la determinación interior de la gracia fortalecida por el Espíritu de Dios, «para unirse al Señor en pacto perpetuo que nunca será olvidado», para vivir en Jesús y morir en Jesús, vivir fuera de Jesús y para Jesús, para sentir su poder, gustar su amor, conocer su sangre, gozarse en su gracia; toda tal alma será, como Israel antaño, llevada a salvo a través de este desierto aullante, será conducida por este valle de lágrimas y llevada a gozar de la bienaventuranza y gloria eternas en la presencia de Aquel a quien ver como él es constituye la dicha de los redimidos. Toda alma pobre, ejercitada y tentada será introducida en un goce personal de Cristo aquí abajo y de Cristo arriba, de modo que disfrute un anticipo del cielo aquí, y en lo porvenir se bañe en el océano de la bienaventuranza sin fin.
Fuente y atribución
Autor original: J. C. Philpot
Título original: July 21
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.