Pensamientos vespertinos

La sangre que intercede por nosotros en el cielo

La sangre de Jesús, presentada en el cielo, intercede sin cesar por su iglesia: acalla el pecado, rechaza la acusación y asegura nuestro avivamiento, nuestro consuelo y nuestra glorificación final.

El tema que hoy nos ocupa nos eleva hasta el mismo atrio del cielo. Allí la gran verdad que se ofrece a nuestra vista es la virtud eficaz de la sangre viviente de Jesús dentro del velo. En el instante en que el alma redimida entra en la gloria, el primer objeto que detiene su atención y fija su mirada es el Salvador que intercede. La fe, anticipando ese glorioso espectáculo, lo ve ahora abogando con su sangre en favor de cada miembro de su iglesia sobre la tierra.

Hay sangre en el cielo: la sangre del Dios encarnado. Y porque ella clama y ruega, intercede y aboga, la voz de todo pecado se acalla, toda acusación de Satanás queda contestada, cada transgresión diaria es perdonada, toda tentación del adversario es repelida, todo mal es conjurado y toda necesidad suplida. Acerquémonos, almas acusadas por el enemigo; acerquémonos, corazones zarandeados como el de Pedro. Si el principio de vida en tu alma ha decaído, si tu primer amor se ha enfriado, hay vitalidad en la sangre que intercede y ruega por tu avivamiento. Si el pecado condena, si el peligro amenaza, si la tentación asalta y la aflicción hiere, hay poder viviente en la sangre de Emanuel que obtiene perdón, protección y consuelo.

No pasemos por alto su tendencia santificadora. La intercesión de Jesús es santa y para la santidad; no aboga por la continuación del pecado, sino por su apartamiento. Si, conscientes de nuestro pecado, lo lamentamos y nos apartamos de él, venimos a Dios por Cristo, entonces tenemos un abogado ante el Padre, Jesucristo el Justo. El incensario perfumado está en su mano, la nube fragante asciende, el propiciatorio se cubre, el Padre sonríe y todo vuelve a ser paz.

Fuente y atribución

Autor original: Octavius Winslow

Título original: Evening Thoughts - December 20

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Octavius Winslow, publicado originalmente en Grace Gems.

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