Breves pensamientos para los seguidores de Jesús

La santavigilancia del alma que teme caer

El creyente que más teme el pecado es el mejor guardado de él; por eso conviene nutrir cada día un santo temor que nos mantenga dependientes del Fuerte.

«Por tanto, el que piensa estar firme, mire que no caiga». 1 Corintios 10:12

Se dice que las personas que más temen a cualquier enfermedad contagiosa son las más propensas a contraer el mal. Cómo sea esto, no lo sabemos; pero es la opinión general que así sucede. Sea esto como fuere, no ocurre lo mismo con aquellas enfermedades espirituales a las que estamos expuestos. Con ellas se hallará que sucede lo contrario. ¡Quienes más temen al pecado son los más propensos a ser preservados de sus contaminaciones!

Siendo así, puede decirse con verdad: «Dichoso el hombre que teme siempre». Como estamos continuamente expuestos a influencias malvadas; como nuestros adversarios espirituales rodean sin cesar nuestro camino para ganar ventaja sobre nosotros, conviene que alimentemos este santo temor todo el día. La exhortación, «No seas altivo, sino teme», es así jamás extemporánea; y nuestra seguridad depende, en no pequeña medida, de tenerla presente diaria y horariamente.

Hay varias consideraciones que, si se ponderan debidamente, no pueden menos que excitar tal sentimiento en nuestros corazones. ¡Qué victorias espantosas, por ejemplo, ha obtenido el enemigo sobre muchos del pueblo de la fe! Leemos en las Escrituras de algunas caídas dolorosas; y han sido registradas para nuestra amonestación, sobre quienes han venido los fines de los siglos. En esos relatos, especialmente los que se refieren a los santos del Antiguo Testamento, hay tres circunstancias peculiares y profundamente conmovedoras que han de observarse:

En primer lugar, no eran creyentes ordinarios; eran personajes de alta talla; no eran enanos, sino gigantes espirituales. Como Saúl, eran de cabeza y hombros más altos que cualquiera del pueblo que los rodeaba.

En segundo lugar, no fue al comienzo de su carrera religiosa que cayeron, sino después de haber avanzado considerablemente en la vida divina. Lejos de ser simples novicios, tenían gran experiencia de su propio corazón; y era, pues, menos probable, cabía suponer, que cayeran en la condenación del diablo.

Y en tercer lugar, fue inmediatamente después de que les hubiera sido conferida alguna señalada bendición, o después de alguna liberación especial que hubieran experimentado. ¿Cuándo tuvo éxito la tentación con Noé? Fue inmediatamente después de su liberación del diluvio. Fue con Lot, de manera semejante, justo después de su escape de Sodoma. Y así con Ezequías; fue después de su milagrosa liberación de la enfermedad, cuando su vida había de ser prolongada quince años. Fue bajo estas circunstancias que el gran adversario prevaleció.

Hay necesidad, pues, verdaderamente, de una santa envidia celosa. Oh alma mía, sea tuyo mirar continuamente al Fuente para recibir fortaleza. Él es capaz —¡verdad alentadora!— de guardarte de caer, y de presentarte al fin sin falta delante de la presencia de su gloria, con sumo gozo. «Sostenme, y seré salvado; y siempre tendré respeto a tus estatutos».

Fuente y atribución

Autor original: John MacDuff

Título original: Godly Jealousy

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de John MacDuff, publicado originalmente en Grace Gems.

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