La santidad es la imagen que Dios transfiere de sí mismo a la criatura renovada. En la regeneración, Dios dibuja sobre el alma humana su propio retrato moral. ¿Y cuál es esa imagen, gloriosa e imperecedera, que él transfiere al alma renovada? ¿Es su sabiduría? No. ¿Su verdad? No. ¿Su amor? No. Es su santidad, como si dijera: Dibujaré mi imagen sobre el hombre renovado, y será aquello que constituye mi gloria, mi hermosura, mi perfección más excelsa; y al hacer santo a la criatura, lo haré semejante a mí. Como lo expresa el Espíritu Santo: Y vestíos del nuevo hombre, que es creado conforme a Dios en justicia y santidad verdadera. En nada se parece tanto el alma renovada a Dios como en la santidad.
¿Cómo ha manifestado Dios su santidad? No sólo la ha revelado en su palabra, sino que la ha exhibido de diversas maneras. Su demostración más palpable, terrible y solemne se halla en la cruz de su Hijo Jesucristo. Contemplad la redención que él obró, la más estupenda de las obras de Dios, y ¿dónde hallaréis tal demostración de su santidad como la que muestra la cruz del Dios encarnado? Ni todos los juicios derramados, ni el horno ardiente de la conciencia impía, ni la venganza contra los ángeles caídos, ni el sufrimiento de los condenados, transmiten idea adecuada de la santidad de Dios comparados con la muerte de su amado Hijo. Allí colgó el santo e inmaculado Cordero de Dios; nunca había pecado, nunca hubo hostilidad de su voluntad hacia el Padre, y sin embargo lo vemos agotando la copa de la ira divina, su alma herida por el rayo de la justicia y su cuerpo sin pecado quebrantado y muerto. Aprendemos que Dios era tan justo y santo que no podía pasar por alto la iniquidad de su Iglesia, sino que la castigó con la mayor severidad en la persona de su Fiador.
Y ¿qué perfección de Dios sostuvo a Cristo en su agonía? En lenguaje profético nos lo dice: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? Pero tú eres santo. Esta fue la verdad que dio reposo a su alma agobiada. Vio a Dios tan santo en su retiro, tan santo en las olas que pasaron sobre su alma, tan santo al tomar venganza por los pecados de su pueblo, que inclinó la cabeza en mansa sumisión a la voluntad divina: Pero tú eres santo.
Fuente y atribución
Autor original: Octavius Winslow
Título original: Evening Thoughts - June 19
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Octavius Winslow, publicado originalmente en Grace Gems.