"Los espíritus de los justos hechos perfectos." Hebreos 12:23
El cristiano en este mundo, como el sumo sacerdote de antaño — está rodeado de muchas debilidades. El dogma de la perfección sin pecado evidentemente no tiene fundamento real alguno sobre el cual asentarse. La fábrica, no dudamos en decirlo, por hermosa que sea, carece de base. Hay dos argumentos sumamente concluyentes que zanjan la cuestión:
El primero es que se opone a todo el tenor de la palabra de Dios. "Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros." Hay pasajes, es cierto, que hablan de perfección en la tierra — pero claramente no de una perfección sin pecado. Los que son llamados perfectos son los sinceros — en contraposición a los hipócritas; o el creyente maduro y establecido — en contraposición a meros niños, o niños en Cristo. "Si alguno," dice Jacobo, "no ofende de palabra, ése es un hombre perfecto" — no absolutamente — sino comparativamente; el hecho de haber logrado el dominio de su lengua, ese mundo de iniquidad, muestra que pertenece a la clase de quienes más han adelantado en la vida divina.
Pero mientras la palabra de Dios se le opone, hay otro argumento, si cabe, aún más formidable: que esos hechos tercos llamados realidades — hechos reales, innegables y universales — están en su contra. ¿Dónde se encuentra la encarnación viva de la doctrina de la perfección sin pecado? Tu personaje sin pecado, tu carácter absolutamente sin falta — ¿dónde lo hallaremos? Ángeles, decidnos dónde.
"No que ya lo haya alcanzado," fue el lenguaje del gran apóstol de los gentiles; no se atribuyó el soberbio logro, y si él no lo hizo, ¿quién se atreve? "No que ya lo haya alcanzado todo, o que ya haya sido perfeccionado — sino que prosigo, para asir aquello para lo cual Cristo Jesús me asió." Y sería bueno que sintiéramos como él sintió, para que, conscientes de nuestras faltas, pudiéramos, como él — proseguir siempre hacia la meta, al premio de nuestro supremo llamamiento.
Pero si no hay un hombre perfecto en la tierra — no hay, en cambio, ninguno que no lo sea en el cielo. La perfección fue lo que anhelaron con ferviente deseo — lo que suspiraron con luchas agonizantes durante su estado mortal — ¡pero ahora la han alcanzado! Saben lo que es despedirse del pecado para siempre; no ser ya molestados por la corrupción que habitaba en ellos, ni expuestos a la tentación exterior. Su justificación era perfecta desde antes — y ahora también lo es su santificación. ¡No tienen mancha, ni arruga, ni cosa semejante! Y no solo son perfectos en pureza — sino perfectos en conocimiento, perfectos en amor, ¡perfectos en bienaventuranza!
"El verdadero cristiano," como observa alguien, "en medio de todas sus imperfecciones, tiene gérmenes de excelencia inmortal en su naturaleza, los cuales, en el Paraíso de arriba, crecerán y florecerán para siempre. Es ahora un serafín niño, que muestra por ahora la ignorancia, la testarudez y el capricho propios de la niñez. Piensa como niño, habla como niño, obra como niño; pero ha de elevarse a la virilidad de la virtud perfecta y celestial, y dejar atrás todas las cosas de niño. ¡Ha de ser tan santo como un ángel, y vivir una carrera sin fin de pureza inmaculada!"
Quienes tienen la firme esperanza de que les aguarda un destino tan glorioso, bien pueden regocijarse. ¡Cómo debieran adorar esa gracia que los ha hecho lo que ahora son — tan distintos de lo que fueron una vez — y, con todo, tan distintos de lo que algún día llegarán a ser!
Proseguid, pues, oh redimidos del Señor, y al hacerlo, aprended a trabajar y a esperar. Pero con todo el progresar, el trabajar y el esperar — no olvidéis unir un espíritu de constante confianza en su cuidado fiel y su poder sin límites, por el cual tan solo podéis alcanzar el fin de vuestra fe, esto es, la salvación plena de vuestras almas. "A aquel que es poderoso para guardaros sin caída y presentaros sin mancha y con gran gozo delante de su gloria — al único Dios nuestro Salvador — sea gloria, majestad, imperio y potestad, por medio de Jesucristo nuestro Señor, antes de todos los tiempos, ahora y por todos los siglos. Amén."
Fuente y atribución
Autor original: John MacDuff
Título original: Perfect in Christ Jesus
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de John MacDuff, publicado originalmente en Grace Gems.