La santidad consiste principalmente en dos puntos. El primero: ser hecho participe del Espíritu de santidad, por el cual, como nacidos de Dios, somos hechos aptos para participar de la herencia de los santos en luz; poner el afecto en las cosas de arriba, donde Cristo está sentado a la diestra de Dios; tener nuestra conversación en el cielo; vestir el nuevo hombre renovado en conocimiento conforme a la imagen del que lo creó; vivir una vida de fe en el Hijo de Dios, y, mirando como en un espejo la gloria del Señor, ser transformados a su misma imagen de gloria en gloria por el Espíritu del Señor. Ser así espiritualmente minded, caminar en la luz de su rostro y conocer algo de comunión espiritual con el Señor de vida y gloria, es ser hecho participe de la verdadera santidad y santificado por el Espíritu de Dios como Maestro, Guía, Abogado y Consolador que habita en nosotros.
La segunda rama de la santidad es una vida, conducta y conversación conformes a los preceptos del evangelio; y la una brota de la otra. «Haz el árbol bueno», dijo nuestro bendito Señor, «y su fruto bueno, porque por el fruto se conoce el árbol». El fruto del evangelio debe crecer en un árbol del evangelio, y así los frutos de una vida santa y piadosa deben brotar de aquellas operaciones divinas del Espíritu Santo sobre el corazón. Así hablar, vivir y actuar es ser «santo en toda manera de conversación», esto es, en nuestra conducta diaria; y es un cumplimiento del precepto que Dios dio antaño a su pueblo típico Israel, citado en el Nuevo Testamento para mostrar que se cumple espiritualmente en el pueblo peculiar que él llama por su gracia distintiva bajo el evangelio.
Fuente y atribución
Autor original: J. C. Philpot
Título original: November 21
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.