Porciones diarias

La sed del alma evidencia la vida divina en nosotros

La sed del alma por Dios es prueba cierta de que ha sido avivada a vida espiritual. Quien está muerto en el pecado no anhela al Dios vivo, pero el Señor sacia a todo sediento que acude a Cristo.

La sed, como experiencia del alma en sentido espiritual, es indudablemente señal de vida divina. Es tan imposible, mirado espiritualmente, que un hombre muerto en el pecado sedienta tras el Dios vivo, como que un cadáver en el cementerio sedienta tras un trago de agua fresca del pozo. Yo mismo sé por experiencia que un sentir tal como la sed tras Dios no habitaba en mi pecho hasta que el Señor se dignó avivar mi alma a la vida espiritual. Había oído de Dios por el oído; le había contemplado en la creación, en el cielo estrellado, en el mar rugiente, en la tierra fértil; había leído de él en la Biblia y aprendido su existencia por la educación y la tradición; tenía algún conocimiento de su santidad en mi conciencia natural; pero en cuanto a sed espiritual tras él, a deseo ferviente de temerle, conocerle, creer en él o amarle, jamás habitó tal experiencia en mi pecho. Amaba demasiado al mundo para mirar a quien lo hizo, y me amaba demasiado a mí mismo para buscar a quien me mandaría crucificar y mortificar mi yo.

Un hombre, pues, estoy plenamente convencido, debe ser hecho vivo para Dios por la regeneración espiritual antes de poder experimentar sensación alguna como la que aquí transmite la figura "sed", o conocer algo de los sentimientos del salmista cuando clamó: "Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, así clama por ti, oh Dios, el alma mía. Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo" (Salmo 42:1, 2). Dondequiera que Dios haya levantado en el alma esta sed espiritual tras él, ciertamente responderá a ese deseo, pues "el deseo de los justos será concedido" (Prov. 10:24). Su propia invitación es: "¡A todos los sedientos, venid a las aguas!" (Isaías 55:1); y Jesús mismo dice con sus benditos labios: "Si alguno tiene sed, venga a mí y beba" (Juan 7:37). Sí, abrió su ministerio pronunciando una bendición sobre tales: "Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados."

Fuente y atribución

Autor original: J. C. Philpot

Título original: September 9

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.

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