La Escritura emplea dos figuras hermosas para ilustrar la recepción del testimonio divino. Una es la siembra de la semilla en la tierra, como en la parábola del sembrador. El agricultor esparce la semilla en el seno de la tierra, y la tierra, previamente arada y reducida a un hermoso cultivo, abre su seno para recibir el grano. Tras un poco de tiempo la semilla comienza a germinar, a echar raíz hacia abajo y a lanzar un brote hacia arriba; como dice el Señor: «Primero la hierba, luego la espiga, después el grano lleno en la espiga».
Esta figura representa bellamente cómo el testimonio de Jesucristo halla entrada al alma, echa raíz hacia abajo y lanza un brote hacia arriba. La raíz hacia abajo se hunde en las profundidades de una conciencia tierna; y el brote hacia arriba es la aspiración, el respirar y el anhelar del alma por el Dios vivo.
La otra figura es la del injerto. «Recibid», dice Santiago, «con mansedumbre la palabra injertada, la cual puede salvar vuestras almas». Ahora, cuando un vástago se pone primero en el patrón, tras un poco de tiempo la savia comienza a fluir del patrón al vástago, y esta savia une a los dos. Así es espiritualmente cuando el alma recibe el testimonio de Cristo. El testimonio de Cristo es recibido en un corazón quebrantado, como el vástago se inserta y es recibido por el patrón. Así, conforme la vida fluye del patrón al vástago, crea y cementa una unión dulce y bendita con la palabra de Dios y aquel de quien la palabra da testimonio. Así crece hasta convertirse en una rama viva, que produce flores de esperanza, hojas de una profesión consistente y fruto de una vida piadosa.
Fuente y atribución
Autor original: J. C. Philpot
Título original: January 26
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.