Pensamientos vespertinos

La simpatía infinita de Jesús sostiene nuestro dolor

La compasión humana es valiosa pero limitada; la simpatía de Jesús, en cambio, es real, tierna y sin fondo, y entra en todas nuestras debilidades para sostenernos.

Querido lector, confía siempre en la simpatía de Cristo. La compasión humana es una bendición que no debemos menospreciar, pues la Palabra de Dios la reconoce y la fomenta: nos manda mirar lo de los demás y sufrir con los que sufren. Sin embargo, es posible que nos enamoremos tanto de ese consuelo humano que lleguemos a ser insensibles a la simpatía más alta, más pura y más profunda de Cristo. La compasión de un hermano o una hermana tiene límites, porque también ellos cargan con sus propias pruebas y angustias; maravilla que puedan emitir una sola nota verdadera de simpatía hacia nuestro dolor. Seamos, pues, agradecidos por la más pequeña medida de consuelo humano, pero recordemos que no hay límite ni fondo en la simpatía de Jesús.

Su compasión es real, humana, ternísima, inmensa y sin fondo. Entra en todas nuestras tristezas y, con una delicadeza indescriptible, se insinúa en cada matiz y particularidad de nuestro dolor. Aun entra en nuestras flaquezas: las del temperamento, las de la constitución, las del hábito, las de la educación, las de la posición; las corporales, las mentales y las espirituales. Hay Uno que penetra hondamente en todas ellas; las ha llevado y las lleva aún. Condescendiendo con la debilidad de nuestra naturaleza —pues es aún el vestido que Él lleva en el cielo— nos soporta con paciencia, nos trata con ternura y nos consuela, sostiene y fortalece.

Por esto dice la Escritura: «No tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado. Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro.» Si en tu sendero se proyecta la sombra de un dolor cercano, si el cielo se oscurece y la tempestad crece, sal a su encuentro apelando de nuevo a la compasión e intercesión de Cristo. ¡JESÚS! ¡qué plenitud de simpatía, ternura y gracia encierra ese nombre! Refúgiate en Él y estarás seguro de la tormenta que viene. Cuando el dolor oscurezca tu rostro, se marchiten tus flores y se apague tu esperanza, recuerda que en Jesús tienes un Hermano nacido para tu adversidad, un Amigo que te amó desde la eternidad, te amó en la cruz, te ama en el trono y te amará hasta el fin. Él hará de la nube su carro, andará sobre tus aguas tempestuosas y dirá: «¡Paz, estate quieta!»

Fuente y atribución

Autor original: Octavius Winslow

Título original: Evening Thoughts - September 9

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Octavius Winslow, publicado originalmente en Grace Gems.

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