Puede haber tentación al mal que no contamina, a menos que se le permita tomar forma en pensamientos, palabras u obras. La sugerencia del mal no es un pecado — hasta que la sugerencia es aceptada y acogida.
La tentación al pecado no es en sí misma pecado.
Jesús fue tentado. Le fueron hechas sugerencias de mal por Satanás; sin embargo, Él nunca pecó, porque estas sugerencias nunca hallaron ningún lugar en Su corazón, y por tanto nunca encontraron ninguna expresión en palabra u obra, ni siquiera en pensamiento.
Las tentaciones nos llegan de fuera. Estas cosas no las podemos evitar; no somos responsables de ellas; no hay pecado en el simple hecho de tener estas sugerencias. Pero el pecado contamina en el momento en que abrimos la puerta a una de estas solícitaciones pecaminosas.
«No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea común a los hombres; y fiel es Dios, que no permitirá que seáis tentados más allá de lo que podéis soportar, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis resistirla». 1 Corintios 10:13
Fuente y atribución
Autor original: J. R. Miller
Título original: Temptation to sin, is not itself sin
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. R. Miller, publicado originalmente en Grace Gems.