Aunque Jesús había resistido dos tentaciones, Satanás no se amedrentó. Tenemos aquí un ejemplo de la persistencia de nuestro gran enemigo. Aunque haya fracasado en un intento de dañarnos, hará otro, y a veces tiene más éxito la segunda vez que la primera. Balaam resistió la primera tentación y rehusó ir con los mensajeros de Balac; pero fue tentado una segunda vez, y entonces cedió. El varón de Dios de Judá rehusó la invitación de Jeroboam, pero fue seducido por la solicitud del viejo profeta. Satanás no se desalentó cuando Job fue paciente bajo sus primeras pruebas; pidió a Dios que le permitiera asaltarle de nuevo; pero aquella segunda vez todavía fracasó en tentar a Job para que maldijera a su Dios. Debemos aprender, de estos hechos, a ser muy vigilantes después de haber vencido una tentación, y a estar listos para otro ataque. Hay una circunstancia en la tercera tentación que puede sorprendernos. Satanás propuso a nuestro Señor un pecado más descarado que los anteriores; pues es un pecado mucho más descarado postrarse y adorar a Satanás que convertir piedras en pan o correr innecesariamente al peligro. ¿Cómo pudo suponer Satanás que, habiendo rehusado Jesús cometer aquellos pecados, consentiría en una transgresión tan flagrante como adorar al diablo? Acaso vio que era en vano intentar engañar a nuestro Salvador; por tanto declaró su propósito y esperó persuadir por la grandeza del soborno. No le había ofrecido antes una recompensa como los reinos del mundo; había arruinado al primer Adán prometiéndole una recompensa por la desobediencia, y esperó arruinar al segundo Adán por el mismo medio.
¿Cuál es el carácter de los reinos del mundo que Satanás mostró ante nuestro Señor? Puede dividirse en tres puntos principales: placer, ganancia y alabanza; estas cosas tientan a los hombres a abandonar el servicio de Dios. No es verdad que Satanás pueda darlas a quien quiera. Cuando Satanás las ofreció a Cristo, ofreció lo que no estaba en su poder conceder. Al decir que podía concederlas, actuó conforme a su carácter de mentiroso y padre de mentira. Es, sin embargo, verdad que Dios permite a menudo a los siervos de Satanás gozar de los deleites vanos de este mundo; así leemos en los Salmos que los impíos están a menudo en prosperidad. ¿Cómo venció Jesús la última tentación? Con la palabra de Dios, que es la espada del Espíritu. Habló abiertamente a Satanás y declaró que Dios había mandado que los hombres le adoraran a él solo. No disputó con el tentador, ni le dijo que el mundo no era suyo para conceder, ni que era una porción perecedera, sino que simplemente apeló al mandamiento de Dios. Así se nos enseña cómo enfrentar las tentaciones de Satanás. No debemos quedarnos cuestionando; sino recordar el mandamiento de Dios y no dar ningún paso en la vida ni seguir ningún camino que nos conduzca al pecado. ¡Cuántas advertencias hay en las Escrituras contra el amor al mundo, sus placeres, su ganancia y su alabanza! Esto es lo que dice la Escritura del placer mundano (1 Tim. 5:6): «La que vive en deleites, muerta está mientras vive».
Oigan lo que se dice contra el amor de la ganancia, o del dinero: 1 Tim. 6:10: «Por la cual codiciando, algunos se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores». Y oigan lo que se dice de quienes buscan la alabanza humana. Leemos en Juan 12:42, 43, de algunos que creyeron en Cristo y, sin embargo, no le confesaban, no fuera que los echaran de la sinagoga; «porque amaban más la gloria de los hombres que la gloria de Dios». Satanás ofrecerá estas cosas a nuestra aceptación (no todas, sino pequeñas porciones de ellas) con la condición de que le adoremos, es decir, que hagamos su voluntad en algún respecto; pues a él no le importa la adoración de rodillas; sabe que realmente somos siervos de aquel a quien obedecemos, y no de aquel a quien llamamos Maestro. El Señor nos dé gracia para resistir, por medio de nuestro Capitán, que venció y se ha sentado en su trono. ¡Cuán pronto halló el bendito Salvador que la obediencia era dulce! Los ángeles vinieron y le alimentaron. Así Dios nos compensará con creces, aun en esta vida, por todo lo que abandonemos por amor a él. Cuando haya llenado nuestros corazones con la paz que sobrepasa todo entendimiento, no lamentaremos la pérdida de cosa alguna terrenal.
Fuente y atribución
Autor original: F. L. Mortimer
Título original: The third temptation of Christ
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de F. L. Mortimer, publicado originalmente en Grace Gems.