Pero no sin ciertas otras influencias sobre ella. Si el sol no brilla sobre ella, y si no hay lluvia del cielo, la semilla nunca germinará, por más rica que sea la tierra. El corazón humano es la tierra en la que crecen las semillas de la verdad; pero necesita la luz del sol y la lluvia de la gracia divina sobre él antes de producir ningún fruto espiritual.
Un caballero derribó un edificio que había estado en pie durante muchos años en su patio. Niveló el terreno y lo dejó así. Las cálidas lluvias de primavera cayeron sobre él, y el sol lo inundó con su luz; y al cabo de unos días brotaron multitudes de pequeñas flores, distintas a las que crecían en los alrededores. Donde había estado el edificio hubo antaño un jardín, y las semillas habían permanecido en la tierra sin humedad, sin luz ni calor durante todos aquellos años. Apenas el sol y la lluvia las tocaron, brotaron a la vida y a la belleza.
Así, a menudo, las semillas de la verdad yacen largo tiempo en un corazón humano, sin crecer, porque la luz y el calor del Espíritu Santo les son cerrados por el pecado y la incredulidad; pero al cabo de muchos años el corazón se abre de alguna manera a las influencias del Espíritu divino, y las semillas, aún vivas, brotan en belleza. Las instrucciones de una madre pueden reposar en un corazón, estériles, desde la infancia hasta la vejez, y, sin embargo, al fin pueden salvar el alma.
Cuando hemos sembrado la semilla celestial, debemos orar continuamente para que Dios derrame su Espíritu, como lluvia y sol, sobre el corazón donde reposa, a fin de vivificarla y darle vida.
Entonces, para nosotros mismos, debemos procurar mantener siempre nuestros corazones abiertos a toda influencia vivificadora de la gracia de Dios. Necesitamos orar constantemente para que la lluvia descienda; de lo contrario, nuestros corazones permanecerán desnudos y estériles, aun cuando estén llenos de las semillas divinas.
Fuente y atribución
Autor original: J. R. Miller
Título original: Christian Growth
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. R. Miller, publicado originalmente en Grace Gems.