Mañana y noche

La verdad que permanece para siempre

La verdad del evangelio, una vez entrada en el corazón, no puede ser desalojada; es alimento fuerte y consuelo eterno para el creyente.

Una vez que la verdad de Dios obtiene entrada en el corazón humano y somete a todo el hombre a sí misma, ningún poder humano o infernal podrá desalojarla. No la recibimos como huésped, sino como el amo de la casa. No es cristiano quien no cree así. Quienes sienten el poder vital del evangelio y conocen la potencia del Espíritu Santo cuando Él abre, aplica y sella la Palabra, antes serían despedazados que abandonar el evangelio de su salvación.

¡Qué miles de misericordias están encerradas en la seguridad de que la verdad estará con nosotros para siempre; que será nuestro sostén en la vida, nuestro consuelo en la muerte, nuestro canto al resucitar y nuestra gloria eterna! Este es el privilegio cristiano; sin él, nuestra fe tendría poco valor. Algunas verdades las superamos y dejamos atrás, pues no son sino rudimentos y lecciones para principiantes. Pero no podemos tratar así la verdad divina, porque aunque es dulce alimento para los niños, es, en el sentido más alto, alimento sólido para los hombres.

La verdad de que somos pecadores está dolorosamente con nosotros para humillarnos y hacernos vigilantes. La verdad más bendita de que todo el que cree en el Señor Jesús será salvo permanece con nosotros como nuestra esperanza y gozo. La experiencia, lejos de aflojar nuestro asimiento de las doctrinas de la gracia, nos ha unido a ellas más y más firmemente. Nuestros fundamentos y motivos para creer son ahora más fuertes y más numerosos que nunca, y tenemos razón para esperar que así será hasta que en la muerte abracemos al Salvador en nuestros brazos.

Dondequiera que pueda descubrirse este amor perdurable de la verdad, estamos obligados a ejercer nuestro amor. Ningún círculo estrecho puede contener nuestros bondadosos afectos. Tan amplia como la elección de la gracia debe ser nuestra comunión de corazón. Mucho error puede estar mezclado con la verdad recibida; guerreemos contra el error, pero amemos aún al hermano por la medida de verdad que veamos en él. ¡Sobre todo, amemos y extendamos nosotros mismos la verdad!

Fuente y atribución

Autor original: Charles Spurgeon

Título original: October 25 — Morning

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Charles Spurgeon, publicado originalmente en Grace Gems.

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