Si no queremos engañarnos a nosotros mismos, si Dios nos ha hecho sinceros, si ha plantado su temor en nuestros corazones, si ha comenzado y lleva adelante en nosotros una buena obra, habrá evidencias de la existencia de la vida de Dios dentro. La vida es el comienzo de la salvación como realidad interior; pues cualquiera que sean los propósitos eternos de Dios, o el lugar que el vaso de misericordia tenga en Cristo antes del llamamiento eficaz, no hay más movimiento del alma hacia Dios hasta que se imparte vida, del que hay vida y movimiento natural en un cadáver exánime que yace sepultado en el cementerio.
Pero dondequiera que la vida divina es implantada habrá ciertos frutos y sentimientos que brotan de esta vida. Un fruto será la queja, y esta surgirá a veces del sentimiento de la carga del pecado, y otras de la conciencia de un castigo merecido de Dios a causa de él. Pero donde esta queja es espiritual, la acompañará «una aceptación del castigo de nuestra iniquidad» y «un poner la boca en el polvo». Así, donde hay vida espiritual habrá queja, confesión y sumisión; el efecto siendo mansedumbre, quebranto y humildad.
Esto despedaza la jactancia y la justificación propia, y el resultado es un escudriñar y probar nuestros caminos para ver si son de Dios. El fruto de esta búsqueda será, en la mayor parte, una solemne y dolorosa convicción de que la mayor parte ha estado en la carne; o, al menos, habrá muchas sospechas ansiosas que no pueden ser calmadas sino por un testimonio expreso del Señor mismo. Esto produce una salida del alma hacia él, siendo ahora el clamor: «Volvámonos otra vez al Señor»; y hacia él se vuelve el corazón como a la única Fuente y Autor de todo don bueno y perfecto. Como el alma vivificada sabe que él es un Dios que escudriña el corazón, este clamor limpiará mucha hipocresía e insinceridad, y profundizará la rectitud, la sinceridad y la integridad piadosa. Y el bendito fruto y fin de toda esta obra de zarandeo será un descender de respuestas graciosas, testimonios divinos, sonrisas del rostro amoroso del Salvador, suaves susurros del favor eterno de Dios y el bendito testimonio del Espíritu dentro.
Fuente y atribución
Autor original: J. C. Philpot
Título original: July 23
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.