¿Para qué es toda esta lucha en el mundo? ¿Por qué tantos intentos de ser algo y tener algo—en la esfera de la nada? Esta lucha por vanidades pasajeras es como si la espuma y las burbujas contendieran por su lugar en la corriente impetuosa—pero en un momento se han ido.
Olvidamos que somos solo de ayer—y mañana ya no seremos más. Es una vergüenza pensar tanto en estos pocos días fugaces—y tan poco en las edades sin fin.
Miremos a las generaciones pasadas. ¡Cuán pocos de nuestros conocidos difuntos son recordados! ¡Y cuán pronto, como ellos, seremos también olvidados! Acaso los nombres de unos pocos, señalados por una fama singular, aún resuenen en nuestros oídos; pero ¿qué es esto para los que están fijos en su estado final? ¿Podría mitigar la miseria de quienes han comenzado sus gemidos eternos que el mundo entero resonara con sus alabanzas? O ¿podría añadirse al gozo de quienes han comenzado sus aleluyas sin fin que toda lengua se empleara en alabar su memoria—entonces bien podríamos ser perdonados en nuestra búsqueda de la fama.
¡Cuán frágil es nuestra vida! un montón de hierba, una hoja marchita, rastrojo seco, una flor, un aliento, barro quebradizo, carne que se marchita. ¡Cuán veloz es nuestra vida! la lanzadera del tejedor, un águila, una nave, un viento que pasa y no vuelve. ¡Cuán breve es nuestra vida! un momento, un respiro. Mientras yo lloro a un amigo difunto, la muerte, apoderándose de mí de repente, traslada la lamentación a otra lengua que es la más cercanamente interesada en mí, quien también dentro de poco debe seguirme al sepulcro silencioso, y dejar la elegía prolongada para que la continúen sus parientes más cercanos. Así el luto se continúa, ¡aunque los mismos dolientes son arrebatados a la muerte en breve tiempo!
Ciertamente no necesito estar tan ansioso por una vida tan breve, un estado tan incierto y un mundo tan vano—donde soy solo un extraño, un peregrino, un forastero, y pronto dejaré todo lo de abajo. Deje, pues, el mundo ir conmigo como quiera, esto no me ha de turbar, pues camino a diario a través del mundo, y dentro de poco—saldré del todo del mundo, para no volver más. ¿Cómo, entonces, he de emplear esta breve vida, mis pocos momentos alados, todos los cuales me están señalados? Ciertamente, en nada mejor que en mirar y atesorar para la eternidad!
Fuente y atribución
Autor original: James Meikle
Título original: Brevity of life
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de James Meikle, publicado originalmente en Grace Gems.