Podemos decir de la vida que el Señor Jesús vive en las cortes de la bienaventuranza celestial que es una vida triple. Está, primero, su vida eterna, con lo cual quiero decir la vida eterna de Dios en su naturaleza divina. Esta la vive en sí mismo; pues «como el Padre tiene vida en sí mismo, así también ha dado al Hijo el tener vida en sí mismo» (Juan 5:26). Él es por ello «Alfa y Omega, el primero y el último, el principio y el fin». Y esta vida es el fundamento de todos sus actos de mediación, por ser Dios sobre todas las cosas, bendito por los siglos.
Pero hay una vida que vive para sí mismo, es decir, una vida de gloria inconcebible en su naturaleza humana. Esta es la vida que él puso para volver a tomarla. Esta vida es la causa de, y acompaña toda aquella gloria inefable que ahora disfruta en el cielo. Esta vida la vive para sí, su recompensa, y la gloria y honra con que es coronado; como dice el salmista: «Pusiste sobre su cabeza una corona de oro fino. Vida te pidió, y se la diste; largura de días para siempre jamás» (Salmo 21:3,4).
Pero hay otra vida que él vive, una vida mediatorial, una vida por nosotros. Así leemos que «fue hecho sacerdote según el poder de una vida indestructible»; y dice de sí mismo: «Yo soy el que vivo, y estuve muerto; mas he aquí que vivo por los siglos de los siglos, amén; y tengo las llaves de la muerte y del Hades» (Apocalipsis 1:18). Esta vida no difiere esencialmente de la segunda, la vida de gloria en la naturaleza humana; pero difiere en esto: cuando la obra de mediación se haya consumado, dejará de vivir una vida mediatorial; pues entonces «entregará el reino al Dios y Padre, cuando haya suprimido todo dominio, toda autoridad y potencia» (1 Corintios 15:24).
Fuente y atribución
Autor original: J. C. Philpot
Título original: November 18
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.